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24 oct 2015

CAMBIO DE HORARIO: ¿PARA QUE SIRVE?

¿CUÁNTO SE AHORRA CAMBIANDO LA HORA?

El tema del cambio de horario es algo que no por cotidiano suscita menos controversia cada medio año, cuando tienen lugar los adelantos y atrasos de hora que alteran nuestros quehaceres cotidianos.

Para entender todo esto hay que remontarse a finales del siglo XVIII para encontrarnos con la figura del ilustre Benjamin Franklin, uno de los padres de la patria americana, desarrollando su labor de embajador de Estados Unidos en Francia  preocupado por el gasto económico que suponía, por un lado, tener a la población en la cama cuando ya había amanecido, como despierta por la noche necesitando consumir ingentes cantidades de velas, cuerda y aceite para poder valerse cuando la luz solar hacía horas que había desaparecido.

CAMBIO DE HORARIO, ¿AHORRO ENERGÉTICO?

CAMBIO DE HORARIO, ¿AHORRO ENERGÉTICO?

Pensó que realizando un ajuste horario adecuado se podría conseguir que los trabajadores abandonaran la cama al alba y que se fueran a dormir mucho antes.Uno de los problemas con los que se contaba era que no existía un modelo horario oficial por lo que, entre las zonas más alejadas de un mismo territorio, el día llegaba en distintos momentos.

No fue hasta 1879 cuando Sir Sandford Fleming perdió una comunicación con un tren que habría de llevarlo a Irlanda por contar el billete con la inscripción “p.m.” en lugar de “a.m.” Así, propuso la creación de un horario universal de 24 horas que no se encontrara ligado a meridiano alguno ya que se creaba una ambigüedad para con la medida de tiempo referida al meridiano 0º (según si nos dirigiésemos al siguiente uso horario, desviado 15º con respecto al de referencia, marchando hacia el Este o hacia el Oeste, condicionando que fuera p.m. o a.m. el valor referido). El problema va más allá, incluso. Nótese que se ha considerado como referencia horaria el correspondiente al punto central del huso horario estudiado, es decir, si un uso horario está acotado por dos meridianos distantes 15º entre sí, el centro de ese ángulo (su bisectriz) tendrá asociada un meridiano representativo de ese huso. Esto implica que dentro de un mismo huso si nos vamos a izquierda (OESTE) o derecha (ESTE) encontraremos otro meridiano a 7.5º-O ó 7.5º-E (lo que decíamos del p.m. o el a.m.) Puedes imaginar el problema que esto puede suponer en el antimeridiano, a 180º de distancia angular donde, en el mismo huso horario de 15º, la mitad del territorio correspondiente habrá cambiado de día al alcanzar la media noche y la otra mitad, con la misma franja horaria, seguirá en el día anterior. Esta consideración de Greenwich como centro de los husos horarios sólo se emplea en Greenwich, ya que a partir del UTC-1 (un huso horario al Oeste de Greenwich) se comienzan a contar los husos horarios a partir de un múltiplo de 15° hacia el oeste. Es, justamente, este arreglillo que se ha hecho, lo que permite que el medio huso horario entre los 7,5°-O y el de 15°-O no pertenezca a ningún huso horario dando al traste con la división planetaria de los 24 husos de 15º (ya que tenemos 24·15º = 360º pero nos sobran 7.5º que descuadran la ecuación).

CAMBIO DE HORARIO, MAPA DE HUSOS

CAMBIO DE HORARIO, MAPA DE HUSOS

Bueno, dejamos por el momento este trabalenguas de husos y meridianos y dirijamos nuestra atención a la Conferencia Internacional del Meridiano celebrado allá por 1884 en Washington donde se aceptó un concepto de Tiempo Universal distinto al tradicional pero salvaguardando la capacidad local de los territorios para fijar la hora. Con más o menos acierto los distintos territorios fueron ajustando por diversos motivos sus horarios (siguen ajustándose hoy día, uno de los más recientes lo llevó a cabo Venezuela en 2008 cuando retrasó su marca horaria media hora pensando que así eliminaría el error del meridiano origen antes comentado y, en lugar de esto, consiguió un desfase de 4 horas y media, mucho más difícil de cuadrar).

Con la Primera Guerra Mundial, la maquinaria bélica alemana necesitaba aprovehar todas las horas de luz disponibles para la fabricación de armamento y para las contigencias militares y limitar el gasto energético al máximo. Es por ello que cambia la hora en lo que vino a llamarse el “horario de verano”. Más de 30 países imitaron a Alemania pero, concluida la guerra en 1918 volvieron a su situación previa, sin practicar nuevos cambios. Algo parecido ocurrió en la Segunda Gran Guerra, nuevamente, impulsados por la iniciativa de Alemania. Aquí comienza un cambio que afectó a varios países de forma permanente. España, Francia, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo tenían 1 hora de diferencia para con Alemania e Italia encontrándose en su correcto huso horario (el de la Europa Occidental)  junto con Portugal y el Reino Unido. El 16 de marzo de 1940, España adopta el horario de verano pero cuando acabó la estación no rebajó la hora (al igual que tampoco Alemania y la parte ocupada de Francia). Sin embargo, el 2 de mayo de 1942, España adelantó una hora sobre la que ya se había adelantado, separándonos del huso horario que nos correspondía (el de Portugal) adoptando el huso horario de Alemania. Cuando la Guerra concluyó, ni España ni Francia ni el Benelux volvieron a la franja horaria que les correspondía manteniendo el horario de la Europa Central en lugar del que nos corresponde por zona geográfica, la Europa Occidental.

Visto el escenario, vamos al meollo. ¿Realmente sirve para ahorrar energía?

Esto se torna complicado de aventurar dado que, para que una comparativa sea efectiva, debe compararse el mismo grupo muestral en los dos escenarios a estudiar, es decir, si quiero saber si España ahorra energía con el cambio horario, debo comparar el consumo de España con cambio horario y sin él y corregir las desviaciones. Esto no puede hacerse porque no hay alternativa al cambio de hora (por eso resulta tan sospechoso el ahorro de 300 mill € que la agencia IDEA ha calculado para con los cambios de horario en España). Sin embargo, una excepción que se produjo en el año 2006 en el Estado norteamericano de Indiana permitió analizar este hecho ya que dejó libertad a cada uno de sus condados para aplicar o no el cambio de horario. Estos condados tienen la peculiaridad de la proximidad geográfica, climatológica y poblacional lo que permite comparar con ligeros matices sus comportamientos energéticos evaluando sus facturas eléctricas. ¿Cuál fue el resultado? Pues que los condados que cambiaron la hora GASTARON MÁS ENERGÍA que los que no lo hicieron. La explicación podría resultarle compleja al señor Franklin pero es que, en 1800, el ahorro energético pasaba por gastar menos en alumbrado de velas, lámparas y antorchas pero, ahora, el mayor gasto de una zona habitable, es el consumo en alumbrado y en climatización de aire, es decir, lo que gastamos en calentar o refrigerar nuestra casa, oficina, automóvil…

El metabolismo y los hábitos no se cambian tan rápido como lo hace el reloj de nuestro ordenador o teléfono, necesitamos un período. Nos levantamos  a la misma hora con 1 hora más de sueño, bien, pero almorzamos 1 hora más tarde, tenemos 1 hora menos para practicar deporte con luz, nos acostamos, prácticamente, con el horario antiguo pero dormimos 1 hora menos. A esto hay que unir que la productividad baja en las primeras semanas ya que el cuerpo tarda un tiempo en adaptarse a los cambios (hay especialistas que sugieren que el cambio dura desde un par de días hasta 2 semanas dependiendo del trabajo y la actividad). En definitiva, no hay mejorías demostrables, donde se ha medido, ha resultado un fracaso y una medida que afecta a tanta población, no debe realizarse si no es por un bien más que notable (que hoy por hoy, no se ve por ningún sitio).

Ángela Merkel ya llevaba en su programa de 2014 el estudio sobre la abolición del cambio de horario. Estaría bien que fuera Alemania, justamente, Alemania, la que diera un primer paso en terminar con esta medida molesta, innecesaria y que en nada o muy poco, mejora la calidad de vida, el ahorro energético o el medioambiente.

Autor: FRANCISCO JAVIER LUQUE CALDERÓN

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