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8 oct 2016

CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS: QUÉ SON Y CÓMO NOS AFECTAN

Nuestra salud y los campos electromagnéticos

Estamos inmersos en un mar de campos eléctricos y magnéticos. La radiación solar es una onda electromagnética. Las cargas eléctricas acumuladas en la atmósfera (las que en ciertas condiciones dan lugar a los rayos, por ejemplo) son fuente de campo eléctrico. La Tierra en sí misma es como un gran imán que es fuente de campo magnético. Aparte de estos campos de origen natural, existen multitud de fuentes de campo eléctrico y magnético de origen artificial que nos rodean constantemente gracias a los cuales podemos escuchar la radio, ver la tele, mantener una conversación o leer este artículo a través del teléfono móvil, cazar Pokemons, usar el GPS, conectar dispositivos a una red WiFi o calentar la comida en el microondas. Vamos, que estamos rodeados. Parece lógico que uno se pregunte, ¿será esto nocivo para nuestra salud? Para responder a esta pregunta necesitamos entender antes algunos conceptos como: ¿qué es un campo?, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de onda electromagnética?, o ¿cómo interactúa un campo electromagnético con la materia?

Vayamos por partes. Un campo es una magnitud que varía en el tiempo y/o el espacio, es decir, su valor dependerá del instante y/o el punto del espacio en el que lo midamos. Por ejemplo, la temperatura y la presión atmosféricas, son campos que dependen tanto del tiempo como del espacio, mientras que la altitud de un punto geográfico es un campo que depende sólo del espacio (al menos, las variaciones temporales son inapreciables a no ser que pasen muchos, muchos años). Por otra parte, un campo también se puede propagar. Por ejemplo, imaginemos un altavoz que está sonando. El sonido que emite puede ser escuchado porque la vibración de la membrana del altavoz es transmitida a las moléculas del aire, y éstas a su vez, transmiten la vibración a nuestro oído. La vibración de la membrana del altavoz (fuente) ha provocado una variación en la presión atmosférica  que se propaga hasta alcanzar nuestro oído (receptor). Igualmente, a pesar de que el Sol está bastante lejos percibimos la luz que genera: volvemos a tener un campo (en este caso electromagnético) que se propaga desde la fuente (Sol) hasta el receptor (ojo). Como contraste, el campo eléctrico que hace que se nos ponga el pelo de punta cuando nos frotamos un globo contra la cabeza, es estático y no se propaga. O el campo magnético que hace que un trozo de metal se vea atraído por un imán tampoco se propaga. Se nota su efecto, pero no existe propagación.

Cuando un campo electromagnético se propaga lo hace en forma de onda, por eso muchas veces nos referimos a él como onda electromagnética (y también se suele hablar de radiación electromagnética, que implica propagación). Esto quiere decir que las propiedades del campo van a oscilar en el tiempo y el espacio. Esta oscilación puede ser lenta o rápida (es decir, de baja o alta frecuencia) y también puede ser de baja o alta intensidad. Tomando como analogía el sonido, que también se propaga en forma de onda, sólo si está entre los 16 Hz y 16 kHz podremos escucharlo, pero solamente si supera una determinada intensidad: si bajamos demasiado el volumen de la radio, no nos enteraremos de nada, pero si lo subimos demasiado podría provocarnos un daño importante en nuestros oídos.

Campo electromagnético

Relación entre intensidad circulante por antena dipolar y el campo eléctrico generado E (Fuente: Wikimedia Commons).

Ver aquí el gif animado de la ilustración anterior

¿Y qué queremos decir cuando hablamos de ondas o campos electromagnéticos? ¿No son cosas diferentes los campos eléctricos y los magnéticos? Son diferentes, pero están ligados. Un campo eléctrico no se propaga por sí sólo, siempre lo hace ligado a un campo magnético y viceversa. Una carga eléctrica en movimiento (como la corriente eléctrica) provoca la aparición de un campo magnético variable y éste, a su vez, provoca la aparición de un campo eléctrico variable. De la misma forma, este campo eléctrico variable provoca la aparición de un campo magnético variable, y así sucesivamente. Esta interacción entre cargas y campos eléctricos y magnéticos está recogida en las famosas ecuaciones de Maxwell, enunciadas por primera vez por el físico escocés James Clerk Maxwell en la segunda mitad del siglo XIX.

Campos eléctrico (E) y magnético (B) generados por una antena filiforme (dipolo) (Fuente: Wikimedia Commons)

Campos eléctrico (E) y magnético (B) generados por una antena filiforme (dipolo) (Fuente: Wikimedia Commons)

 

Como hemos comentado antes, una onda electromagnética está caracterizada por una frecuencia y una intensidad. Estos son precisamente los factores que determinan el efecto que dicha onda puede provocar sobre nuestro cuerpo. Porque sí, los campos electromagnéticos afectan a nuestro cuerpo, ya que estamos compuestos, igual que el resto de la materia, de átomos que contienen cargas eléctricas. De una manera muy resumida, cuando un campo electromagnético se encuentra con una carga eléctrica, le cede parte de la energía que transporta provocando que la carga se mueva. La cantidad de energía cedida es directamente proporcional a la frecuencia del campo electromagnético. A frecuencias medias-bajas, esta cesión de energía provoca un calentamiento local más o menos notable (como cuando se nos calienta la oreja si hablamos mucho por el móvil). Si la frecuencia es muy alta puede provocar la ionización de la materia, es decir, puede “empujar” un electrón de tal forma que se rompa el enlace que naturalmente tiene con el núcleo del átomo. Si este tipo de radiación incide sobre nuestro cuerpo puede tener consecuencias muy graves para la salud, desde aumentar considerablemente el riesgo de cáncer a alteraciones del ADN.

En la siguiente figura se muestra un esquema del espectro electromagnético. La frecuencia de las radiaciones ionizantes está por encima de los 10^{15} Hz (un 1 seguido de quince ceros). Para que nos hagamos una idea, las frecuencias que usan los dispositivos WiFi son 2.5 y 5 GHz (1 GHz = 10^9 Hz), un millón de veces inferior a la frecuencia ionizante más baja; la telefonía móvil actualmente ocupa bandas desde los 800 MHz hasta los 2.6 GHz (1 MHz = 10^6 Hz), y los teléfonos inalámbricos que usan tecnología DECT funcionan a una frecuencia en torno a 1.9 GHz. Sin embargo, como se muestra en la figura, la zona media-alta del rango de rayos ultravioleta sí es ionizante, por lo que es sumamente recomendable evitar la exposición a la radiación solar sobre todo en las horas en las que el Sol está más alto y sus rayos inciden más directamente sobre nosotros. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante el año 2000 la exposición a radiación ultravioleta provocó alrededor de 60000 muertes prematuras.

Espectro electromagnético

Espectro electromagnético

También según la OMS, en media, el 80% de la dosis anual de radiación ionizante a la que está expuesta una persona es de origen natural, cósmica y terrestre (hay más de 60 materiales radiactivos naturales presentes en el suelo, el agua y el aire). La exposición humana a la radiación ionizante de origen artificial está asociada a la generación de energía nuclear y al uso médico de la radiación para fines diagnósticos o terapéuticos (como los aparatos de rayos X).

En el último informe del SCENIHR (Scientific Committee on Emerging and Newly Identified Health Risks) se recogen las evidencias científicas que hasta la fecha de su publicación (enero 2015) están relacionadas con el efecto de los campos electromagnéticos sobre la salud. En líneas generales, no hay resultados científicos que demuestren que existen riesgos para la salud en el rango de frecuencias no ionizantes. En un próximo artículo ahondaremos más sobre las conclusiones de este informe.

AUTORA: Dra. SUSANA HORNILLO

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5 Responses

  1. Pingback : Nuestra salud y los campos electromagnéticos

  2. oscar

    Muy buen artículo, admirable la sencillez con la que explicas algo tan complejo como las ondas electromagnéticas. Te animo a una segunda parte, desde luego hay mucha necesidad de explicaciones sencillas con este tema ya que en la red nos encontramos con algunos artículos poco creíbles de los efectos sobre la salud de los campos electromagnéticos.
    Muchas gracias

  3. Una verdadera delicia la claridad y sencillez en la explicación de la naturaleza de las OEM. Y, sobre todo, unas ilustraciones geniales para explicar el rango de frecuencias y el efecto ionizante que producen.
    Si alguien me obligara a ponerte un defectillo te diría que, para mi gusto, no has dado suficiente énfasis al decir que LAS ONDAS DE LA TELEFONÍA MÓVIL NO TIENEN EFECTOS CONTRA LA SALUD. Y no porque no se haya podido demostrar que los tienen, sino porque son incapaces de producir ionización y, por tanto, no pueden tenerlo.
    Un gran artículo. Felicidades.
    Confío en tener tu permiso para publicarlo en mi Facebook.

    1. Susana Hornillo Mellado

      Muchas gracias por tus comentarios. Tendré en cuenta tu recomendación para un próximo artículo, porque es cierto que el efecto que ejercen las ondas de telefonía móvil sobre la salud es un tema muy controvertido y sobre el que hay mucho desconocimiento. Te agradezco también que quieras compartirlo en Facebook.

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