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2 ene 2018

CIENCIA EN EL ALFAR

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Hablando de topología

La elección del taller es una mera excusa para descubrir todo un mundo de Ciencia practicado por un colectivo de artistas, tan anónimo como entrañable, capaz de conseguir formas maravillosas a partir de una masa de barro, al principio amorfa. Pero igualmente valdría una tahona, un taller de vidrio, una herrería o esa clase de parvulitos donde, hasta los ojos de plastilina, dan sus primeros pasos para emular a Benlliure.

Barro, arcilla, masa de panadero, nieve, plastilina, yeso, escayola, arena de playa, vidrio, cualquier cosa moldeable, no importa el taller, sino el objetivo: modelar hasta conseguir forma. El experto, con mimo, delicadeza y suavidad extrema, crea un búcaro de apenas una pella informe. Tanto por la manera como por el resultado, ha fabricado una superficie de revolución, es decir, una vasija que posee un eje vertical imaginario, perpendicular al torno sobre el cual gira, de modo que cada punto de ella ha descrito un círculo centrado en el eje.

A nuestro artista no le importan las distancias, áreas o volúmenes, sólo las formas y la manera de conseguirlas: con suavidad, sin desgarros, de manera continua. Cuando inflamos un globo, es más que probable que el resultado final diste mucho de ser un conjunto de puntos que equidistan del centro; más bien llegaríamos a la forma de un elipsoide, como nuestro planeta Tierra. Asimismo, las manos del maestro convierten una bola de arcilla en un muñeco de futbolín, y recíprocamente.

La Matemática, por supuesto, a través de la Topología, estudia las propiedades de los objetos que no se alteran por deformaciones continuas. Dicho de otro modo, la Topología, en sentido amplio, estudia la metamorfosis de un objeto sometido a deformaciones suaves. El objeto topológico más importante es la esfera –la corteza de una naranja- y a estas alturas ya debería quedar claro que ella y un elipsoide son topológicamente iguales. Es decir, para la Topología, un balón de fútbol es igual  que otro de rugby; de la misma manera, no hay distinción entre el número 8 y la letra B. En un lenguaje muy coloquial, la Topología es la ciencia de la plastilina o del barro (antes de su cocción) y los alfareros, quizás inconscientemente, son unos excelentes topólogos.  Si se le pide que de una masa informe de barro logre algo con forma de buñuelo, también de aquí conseguirá una delicada taza donde degustar un sabroso café. El desayuno de un topólogo llega a ser muy divertido cuando aparenta no distinguir el donut de la taza. Y sin embargo, la Topología tiene la llave para resolver el enigma de las dimensiones de nuestro Universo.

Autor: ÁNGEL FERRÁNDEZ-IZQUIERDO 

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