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24 abr 2017

DESHIDRATACIÓN FUNCIONAL Y RENDIMIENTO COMPETITIVO

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Aumentar la potencia relativa aprovechando la pérdida de peso

Cuando parecía que el deporte de competición estaba saturado de monitorización  de parámetros (fisiológicos, mecánicos…) y matemáticas que creaban complejas formas de optimizar el rendimiento competitivo del deportista en muchas ocasiones, según palabras de los propios actores, haciendo difícil no deslucir el espectáculo deportivo, llega hasta nuestros oídos la deshidratación funcional.

DESHIDRATACIÓN FUNCIONAL.

Deshidratación funcional y rendimiento competitivo.

Pongamos en contexto una noticia que da pie a la realización de este artículo a tenor de interpretaciones incorrectas que se han podido encontrar en distintos medios de comunicación. El caso de Christopher Froome, ciclista del Team Sky, ha sido la singularidad en lo concerniente a la práctica de la deshidratación funcional que permitirá crear una generalización para la práctica deportiva en tiempos venideros. Otra cuestión será cómo  se le explica toda esta parafernalia a Valverde o al bueno de Nairo Quintana  y compañía después de sus repetidas quejas a cuenta del uso del potenciómetro y la conllevada pérdida de espectáculo que supone la monitorización exhaustiva de los parámetros de competición, es otro cantar.

Parece que lo que Roger Palfreeman, médico del equipo británico de ciclismo Team Sky, quiere conseguir  es que Chris Froome, uno de los escaladores y contrarrelojistas más fuertes del mundo, sea capaz de aumentar su producción de potencia relativa (w/kg) aprovechando la pérdida de peso durante una etapa. Si en el contexto de rendimiento de larga duración y fatiga esto fuera posible, un simple cálculo matemático le daría la razón. Ahora bien, ¿cuál es el límite en el estado de deshidratación?
Tradicionalmente se ha establecido el 2% como límite a partir del cual se manifestarían alteraciones de la capacidad termorreguladora; a una pérdida del 3% se le atribuye una disminución de la capacidad de resistencia y un aumento de la temperatura central hasta los 38º pero ¿es esto siempre así? ¿Para cualquier deportista? No debemos obviar el contexto. En el ámbito del deporte solemos tender a la generalización muy a la ligera  y ya sabemos que “es igual, pero no es lo mismo” un coche de ciudad que un fórmula uno (permítaseme la comparación con el tono del artículo). Parece claro que las conocidas clasificaciones de estados de hidratación deben ser revisadas o, al menos, debe tenerse en cuenta la altísima variabilidad interindividual.
¿Es compatible el rendimiento competitivo con una deshidratación funcional?

Quiero recalcar que volvemos a hablar de matices. Cuando se habla del caso concreto de Chris Froome y de que perdiera un 3% de su peso durante una etapa, en lo que llama “deshidratación funcional”. Algunos estudios cuestionan los límites tradicionalmente aceptados durante el ejercicio (Noakes, 2000) y relativizan las implicaciones médicas de una pérdida de hasta el 7% en pruebas de ultra-resistencia (Sharwood y col, 2004). En otro estudio se encontró que altos niveles de deshidratación no estaban asociados a un peor tiempo en el maratón de un Ironman (South Africa) (Sharwood y col, 2002). Además, se recuerda un antiguo estudio en el que los corredores más rápidos de maratón fueron también los más deshidratados (Wyndhamn y col, 1969). Es más, se sugiere como conveniente una pérdida de aproximadamente el 3,8% del peso para mantener la concentración normal de sodio pre-competición en 141mmol/L. Por otro lado, solemos asociar deshidratación con ambiente caluroso y humedad, condiciones que no se dan en todas las etapas. Supongo que si estuviéramos hablando del Tour de Cozumel (por centrar la hipótesis sobre un ejemplo) ni se lo plantearían. Es decir, ¿cómo afectaría hablar de condiciones ambientales “moderadas”? Laursen y col (2006) no encontraron relación entre la temperatura central y la pérdida de peso (3%) con el rendimiento durante un Ironman (Australia) en ambiente “moderado” (20´5º, 55% humedad relativa. Tampoco en Half Ironman en ambiente tropical (Guadalupe, Méjico) (Baillot y col, 2015). ¿Sería esto la “deshidratación funcional”? Aquí cobraría importancia la afirmación “la hidratación óptima no es la hidratación equilibrada”.

Deshidratación funcional

Deshidratación funcional en el ciclismo

Saltan las alarmas porque se trataría de una estrategia intencionada. El buen samaritano no le haría ganar Le Tour y, además, ¿tenemos datos de cuánto peso pierden por lo general estos ciclistas en las etapas de las grandes vueltas? ¿Damos por hecho que todos realizan las etapas total y convenientemente alimentados e hidratados? ¿Qué tiene de diferente esta “agresión fisiológica” con respecto a otras que se dan por buenas, incluso en el desarrollo del propio entrenamiento?

Vaya de nuevo por delante que estamos hablando de un contexto en el que el más mínimo detalle puede marcar la diferencia y ocasionar una derrota o suponer una victoria. A las mejores condiciones individuales y contextuales poco hay que añadir, así que se trata de una vuelta de tuerca a las estrategias dirigidas a arañar segundos al reloj.
¿Cómo monitorizarían esa pérdida durante la etapa?

En el laboratorio es razonablemente sencillo calcular la pérdida e incluso simular algunas condiciones ambientales, pero ¿se puede dar por hecho que esas condiciones serán idénticas en la competición? ¿Estaremos hablando realmente y de hecho de una estrategia competitiva puramente individual? ¿Cómo se piensa controlar la sensación de sed? La estrategia de reposición líquida utilizada en los estudios es ad libitum, dejando libertad al atleta para que se hidrate según su sed. Creo que si los médicos del Team Sky, finalmente, lo pusieran en práctica, se encontrarían con un problema: la regulación anticipatoria y el papel de la sed como regulador del esfuerzo por mecanismos centrales (cerebro). Y aquí la cosa se complica. ¿Cobrarán más importancia ahora las medidas de refrigeración que de hidratación? ¿Empezaremos a ver a los ciclistas haciendo enjuagues bucales sin tragar las bebidas para engañar a su cuerpo sin afectar a las ecuaciones que rigen su rendimiento?

Sabemos que la depleción de glucógeno es determinante en el rendimiento cuando se aúna duración e intensidad, que es  difícil incrementar la asunción de hidratos de carbono por encima de 90 gramos/hora, que  la absorción puede aumentarse  por medio de diferentes transportadores intestinales y que las técnicas de monitorización avanzan cada día permitiendo obtener mediciones instantáneas al aire libre sin necesidad de recrear escenarios de entrenamiento confinados en un laboratorio. Así que, quizás, después de todo, no se trate de un disparate cuando hablar del potencial deportivo de la deshidratación funcional.

AUTOR: ANTONIO BERRIO

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Bibliografía

Baillot, M y Hue, O (2015). Hydration and thermorregulation during a Half-Ironman performed in tropical climate. J Sports Sci Med. 14: 263-268.

Laursen, PB y col (2006). Core temperatura and hydration status during an Ironman triathlon, Br J Sports Med. 40: 320-325.

Noakes, TD (2000).Hyponatremia in distance athletes. Pulling the IV on the “dehydration myth”. Phys Sportsmed. 26: 71-6.

Sawka,  MN y Noakes, TD (2007). Does dehydration impair performance? Med Sci Sports Exerc. 39:1209-1217.

Sharwood, KA y col (2004). Weight changes, medical complications, and performance during an Ironman triathlon. Br J Sports Med. 38: 718-724.

Sharwood, KA y col (2002). Weight changes, sodium levels, and performance in the South African Ironman Triathlon. Clin J Sport Med. 12:391-399.

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