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19 Jul 2019

EL ORGULLO GAY

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Debo ser un tiquismiquis pero a mí eso de sentirse orgulloso de aquello en lo que uno no ha tenido arte ni parte me parece una tontuna. Es como sentirse orgulloso de ser de Granada o de Cuenca, español o francés, ¿acaso nuestras madres nos pidieron opinión para saber dónde queríamos nacer? Bueno, claro, habrá que excluir a los de Bilbao que dicen que nacen donde quieren. Es tan tonto como sentirse orgulloso de ser blanco o negro, alto o bajo. Sentirse orgulloso de ser gay es, otro tanto de lo mismo.


La testosterona,una hormona esteroidea sexual

Entiendo que las recientes fiestas del Orgullo Gay no son realmente una manifestación de orgullo por algo ajeno a nuestra voluntad sino una reivindicación social, política,  para exigir el derecho a ocupar un puesto dentro de la comunidad como uno más, sin discriminación. Esta exclusión podría entenderse en siglos pasados donde esa paradoja que supone tener cuerpo de hombre y sentirse mujer, o lo contrario, era interpretada como una perversión sexual que debía ser castigada para que cundiera el ejemplo. Pero no desde principios del siglo XXI cuando la ciencia pudo determinar las causas biológicas de esta anomalía.

Es curioso cómo la sociedad crea barreras infranqueables al conocimiento cuando éste se opone o contradice alguno de los mitos que ella misma ha creado y mantenido a lo largo de los siglos. ¡La homosexualidad es una perversión castigada por Dios con el fuego eterno, recordad Sodoma y Gomorra! Cualquier información que contradiga la maldición será ignorada.

Desde principios de siglo conocemos las claves del misterio y su naturaleza que no es otra que un problema químico, o por mejor decir, bioquímico. Un problema hormonal y las consecuencias decisivas que ciertas hormonas tienen en la organización y funcionamiento de nuestro cerebro. Ya escribí un artículo explicando el proceso hace un par de años, “El sexo del cerebro”, y me causa pereza volver a repetir lo mismo, así que os remito allí a los interesados en el tema.

No obstante, y porque soy consciente de la necesidad social que existe de conocimiento real de este tema, voy a intentar resumir las claves del mismo aunque sea en plan macarra. Así, solo mencionaré una hormona, la testosterona, por simplificar la explicación.

La clave para entender el problema es saber que el cerebro de cualquier mamífero en su primera etapa fetal es femenino y para transformarse en masculino necesita de la intervención de la testosterona en determinadas etapas de su gestación. Esto es, que EL SEXO DEL CEREBRO PUEDE SER DIFERENTE DEL SEXO DEL RESTO DEL CUERPO.

Podríamos decir que para “fabricar” a una niña, su madre no lo tiene nada complicado –hablo de complicación bioquímica–. Implantado el feto en su matriz, sean cuales sean los cromosomas sexuales heredados, XX o XY, el cerebro del feto en formación será el de una niña. Y terminará así en el parto si la testosterona no hace su aparición en el proceso. Si su herencia consiste en dos cromosomas XX, será una niña en cuerpo y alma, quiero decir que su cerebro y su cuerpo serán de niña. Para completar a una mujer será necesario que a sus 12-13 añitos las hormonas femeninas comiencen su baile mensual de ovulaciones y menstruaciones.

Pero, curiosamente, para “fabricar” a un hombre la cosa se complica. Para hacer un hombre son imprescindibles dos “bautismos por inmersión” en testosterona. Como hemos dicho antes, sea cual sea su herencia genética, XX o XY, el cerebro que comienza a formarse en cualquier feto es femenino. Para “masculinizarlo” es necesario que entre las semanas 8 al 18 el feto se vea inundado en testosterona. Hormona que se produce de los incipientes testículos del feto –si es un XY – y los ovarios y cápsulas suprarrenales de la madre. Si este proceso transcurre con normalidad, al final nacerá un niño que pensará y actuará como un niño. Para terminar de construir un hombre todavía falta algo esencial, a sus 13-14 años sus testículos comenzarán a fabricar testosterona a nivel industrial y así seguirán hasta los 20 años, más o menos. A partir de aquí irá disminuyendo la dosis muy, muy lentamente hasta su vejez. Este segundo baño de testosterona le hará pasar de niño a hombre; le cambiará la voz, le saldrá su barba y el bello corporal, luchará y peleará con sus amigos por el poder, por alcanzar el trono del macho alfa, descubrirá el placer que produce mirar a las mujeres…

Cualquier anomalía en este baile de hormonas y tiempos producirá anomalías que oscilarán del cuerpo masculino que se siente, piensa y actúa como mujer a la mujer que se siente, piensa y actúa como hombre. Con todas sus fases intermedias.

¿Es una enfermedad? NO. Es una condición biológica sin vuelta atrás. 

Solo cabe profetizar que una vez se conozca todo el proceso en detalle los médicos harán un seguimiento hormonal del embarazo e idearán procedimientos para corregir las posibles anomalías bioquímicas que pudieran producirse, lo que nos llevaría a que en un tiempo, quizá no muy lejano, nadie más tendrá que sufrir las consecuencias psicológicas y sociales que implica tener un cerebro y un cuerpo con sesos encontrados.

AUTOR: profesor Manuel Reyes Camacho

Todos los artículos del autor para FdeT

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Bibliografía:

Louann Bricendine. Cerebro masculino. RBA Libros. 2013. Barcelona. ISBN: 978-84-9867-969-4

Imagen:

«Testosterone» by Dr. Eduardo García Cruz is licensed under CC BY-SA 2.0 

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