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6 nov 2017

EL PENSAMIENTO DÉBIL (III): LA RELIGIÓN

En la filosofía, en la religión y en la lógica matemática

Ya dijimos en la primera parte de estos ensayos, que hoy vivimos en una época de café descafeinado, de leche descremada y quizá sin lactosa, de cerveza sin alcohol, de edulcorante sin calorías… en un mundo de ideologías, más atento a los eslóganes que a los hechos, en suma, en un mundo light.

La descripción que atacaremos ahora es la del impacto de la idea light en el campo de la religión particularmente en el cristianismo y en concreto en la Iglesia Católica, proponiendo una especie de teología débil según la tendencia general postmoderna.

Pero antes, habría que recordar que el postmodernismo intenta revocar las categorías fuertes del pensamiento, considerándolas fuentes de tensión y de conflicto al provenir de la voluntad de poder (Nietzsche) de una autoridad inapelable, llámese ésta emperador, rey, sumo sacerdote o dictador.

Para uno de los máximos exponentes del modernismo, Gianni Vattimo, sería inútil liquidar pura y simplemente dichas categorías fuertes, pues esa liquidación (überwindung) nos haría caer simplemente en otras categorías similares, sin salir del atolladero. Es necesario pues hacer una conexión (verbindung) entre las categorías fuertes de la modernidad y el pensamiento débil que se impone en esta etapa postmoderna del pensamiento occidental. Esta verbindung podríamos llamarla en castellano debilitamiento, pero ese concepto parece tener una connotación negativa, mientras que nuestra verbindung debe ser algo así como volver a categorías más humanas, más amables, menos agresivas. Se trata del mismo proceso que hace pasar de la enfermedad a la salud a través de las curas y de la convalecencia (Krankenheit verbindung), lo cual está implícito en la palabra alemana.

Dicho esto en el plano general, nuestro punto de partida para explicar lo más simplemente posible la aplicación de estas teorías al campo religioso será una cita del genio del cristianismo primitivo, Pablo de Tarso, que reza así:

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, antes bien, se despojó (ekénosen) de sí mismo tomando la condición de esclavo y así, pasando por uno de tantos, se sometió hasta la muerte y muerte de cruz. (Filip. 2,7)

El lector de estas palabras habrá sin duda detectado tono claramente postmoderno de S. Pablo.

La verbindung se llama kénosis cuando se aplica a la religión cristiana. ¡Qué mayor debilitamiento que el paso de un Yahveh Tsebaoth, cuyo nombre es santo y terrible, inductor de miedo, principio de la sabiduría, según el salmo 111 al Cristo histórico, nacido en la Galilea de los gentiles, hijo de un humilde artesano y de una pobre mujer seguramente analfabeta (sólo las cortesanas de altos vuelos no lo eran en la época).

Así pues, el punto de vista filosófico general expuesto antes de que el profesor de Turín se ocupara de la religión, cosa que no hizo sino en los últimos años, se identifica fácilmente con el misterio de la encarnación, al subrayar la kénosis, el despojarse de la categoría fuerte de Yahvé Tsebaoth tomando la categoría débil del esclavo, de uno de tantos.

La concepción postmoderna del cristianismo es kenótica según Vattimo.

Jesucristo habría muerto, más que nada, a causa de este proceso postmoderno, pues que ya se dijo que las categorías fuertes provienen de una voluntad de poder, evidente en el tiempo en que vivió Jesús de Nazaret. Los fariseos, y con ellos todo el establishment de la Palestina del siglo I, apoyaban su poderío en las categorías fuertes de la religión judía de aquel tiempo y que un pobre individuo, uno de tantos, como dice Pablo de Tarso, pusiera al alcance de los niños, de la gente sencilla, la relación religiosa expresada en categorías débiles como las que estamos describiendo, ponía en peligro su poder, su voluntad de dominio.

Hubo que neutralizarlo, como se dice ahora.

Según las ideas de Gioacchino di Fiore, la humanidad vivió la época del Padre (antiguo testamento), la época del Hijo (sucesos del evangelio y primeros cristianos) y, actualmente, la época del Espíritu.

En esta época del Espíritu, prosiguen los cristianos postmodernos, el proceso de la kénosis continúa, haciéndose más amplio, más profundo.

Es así como yo interpreto, por ejemplo, el hecho del concilio Vaticano Segundo. En absolutamente todos los concilios ecuménicos de la Iglesia se hicieron declaraciones dogmáticas fuertes, definiciones inapelables en los campos de la dogmática o de la ética, con anatemas terribles a quienes no las aceptaran o no las siguieran, tendencia que se produjo en la Iglesia a partir del emperador Teodosio (español, como por casualidad) más que desde Constantino, como normalmente se dice.

Vivimos pues en una época kenótica en la Iglesia. El Vaticano Segundo es pues pastoral, no dogmático. No puede encontrarse entre sus documentos anatema alguno ni definición fuerte de fe o de costumbres, a veces en contradicción palpable con otros concilios y documentos papales, por ejemplo la llamada a la libertad religiosa que tantas veces se había condenado en la Iglesia con palabras muy duras. ¿Puede encontrarse una categoría más débil que la de pastoral en la historia de los concilios de la Iglesia?

Sin embargo así es. El documento Amoris Lætitia del papa Francisco contiene una palabra clave esencial: discernimiento, otra categoría clara del pensamiento débil, cara a Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía a la que pertenece el papa. Según este documento pontificio, no se trata de aplicar ciegamente las enseñanzas antiguas sin reflexión y de una forma automática, sino discerniendo caso por caso aceptando que no es posible encapsular la infinita riqueza de los casos humanos posibles en fórmulas tajantes e imperiosas.

Al igual que en el siglo primero, los que asientan su poder omnímodo en las categorías fuertes del cristianismo, los Müller, los Caffarra, los Burke y tantos otros partidarios de un sistema moderno de categorías fuertes, se enfrentan radicalmente a esta tendencia postmoderna. Frente a ellos, el cardenal Schönborn, el mismo Bergoglio y tantos otros, siguen en su tarea de predicar las categorías débiles del pensamiento kenótico.

Terminemos explicando otro concepto kenótico caro a Gianni Vattimo: el significado de la palabra italiana peccato. Para el Wittgenstein del Tractatus, el significado de una palabra se encuentra en su utilización y la palabra italiana peccato se usa de dos maneras diferentes. Usada como sustantivo, el vocablo peccato significa pecado como en castellano, pura y simplemente. Usada como interjección Peccato!  es equivalente al español ¡Lástima! ¡Qué le vamos a hacer! o ¡Vaya por Dios!

Vattimo propone aproximar la primera utilización al significado de la segunda. La palabra italiana está asociada al término pecca, que quiere decir pega, obstáculo, contratiempo, dificultad, reparo, que se presenta por lo común de modo imprevisto (diccionario de la RAE) conectando este concepto con la categoría fuerte anterior. Este despojar al término de su fuerza es también verbindung, kénosis.

Autor: JULIO MORENO-DÁVILA. 

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