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26 oct 2016

ENVASES Y EL PROBLEMA DEL MEDIOAMBIENTE

ERES EL RESPONSABLE DE TUS ENVASES.

Ya en el Neolítico el ser humano comienza a usar recipientes metálicos y cerámicos para almacenar agua o vino y transportar alimentos. Botas de piel y tejido, barriles de madera o botellas de vidrio permitían a griegos y romanos realizar sus campañas y almacenar sus provisiones no perecederas. Esta necesidad de contar con distintos formatos de envases inicia un desarrollo tecnológico que sigue plenamente activo en nuestros días con la aparición de nuevos materiales y procesos industriales y alimentarios.

ADCELLPACK

Nuevos materiales celulósicos para envases. Imagen ADCELLPACK

 

Habrá que esperar a 1795 para que Nicolas François Appert ganara un premio de 12000 francos al resolver un problema propuesto por Napoleón acerca de cómo procurar alimento de calidad a las tropas en las largas campañas de guerra. Conocedor del descubrimiento del biólogo italiano  Lazzaro Spallanzani acerca de que la cocción destruía las esporas de las bacterias de la carne ideó un sistema para calentar carnes y verduras conservándolas posteriormente de forma hermética en recipientes metálicos o de vidrio. El ilustre bacteriólogo Luis Pasteur corroboró el método científico de la conservación basándose en que los alimentos no pueden afectarse por la acción de las bacterias muertas por el calor. Bryan Donkin, ingeniero británico, encontró una forma de elevar más aún la temperatura de exposición de los alimentos introduciéndolos en latas de metal y en 1812 junto a John Hall pone en marcha la primera conservera iniciando así una industria que se mantiene hasta nuestros días y que ha sufrido modificaciones tecnológicas en sus procesos, sus materiales, su logística y, cómo no, en su marketing.

Durante la segunda guerra mundial el metal se convierte en un bien muy valioso y se buscan alternativas en su uso alimentario. Los químicos encontraron una forma de aglutinar pequeños monómeros para formar otras moléculas más grandes y pesadas dando comienzo a la hegemonía de las resinas sintéticas, más conocidas como plásticos.

Finalizada la guerra se había construido todo un imperio industrial en torno a la producción de alimentos envasados para la campaña bélica que fue reconducida al ámbito doméstico ampliando el surtido de productos, tamaños y usos pero nadie atisbaba en aquel momento que un riesgo medioambiental se cernía sobre el planeta.

Si miramos a nuestro alrededor encontramos envases plásticos envolviendo caramelos individuales y azucarillos, botellas de agua de tamaños cada vez más ridículos (más cómodos de llevar que dirían otros), blíster de galletitas para el desayuno, separadores para el jamón y el queso loncheado cuyo volumen iguala al del producto que protege, envases monodosis de aceite y vinagre, coloridos plásticos que envuelven piezas de fruta o bollería y hasta enormes pliegos de cartón y plástico que envuelven diminutos obsequios de la prensa dominical. Una política de comodidad para con el cliente que, ante todo, condena a la extinción a la venta a  granel y llena nuestros cubos de basura domésticos con un volumen desproporcionado de envases de un solo uso. El 15% del peso de nuestra basura se destina a este tipo de envases y es, sin duda, el apartado que más volumen ocupa. En este dato hay que incluir bolsas, botellas y garrafas, plástico de envoltorio y film alimentario, envases de yogures y bandejas de producto cortado… De hecho, se estima que en los países desarrollados la media mundial de residuos producidos por persona/día es de 1,2 Kg  según el informe del Banco Mundial “What a Waste: A Global Review of Solid Waste Management” y se calcula que para 2025 esta cifra se habrá incrementado en un 18%.

Cuando los residuos comienzan a ser un problema público (es decir, no cuando comienza a ser un problema sino cuando la gente se da cuenta de que es un problema), la industria del envasado recurre a algo que siempre funciona, el marketing eficiente. En 1953 un holding multimillonario de empresas formado por The American Can Company, Owen Illinois, Philip Morris, Anheuser-Busch, PepsiCo, y Coca-Cola fundan Keep America Beautiful, una organización que recoge la preocupación de sus patronos fundadores por el medioambiente y la traslada al consumidor fomentando diversas campañas de concienciación medioambiental.

La jugada roza la perfección pero el matiz lo encontramos en que se culpa al consumidor desaprensivo de no participar en la lucha contra la suciedad que millones de toneladas de envases provocan en las ciudades de sus estados. Se demoniza a quienes no luchan activamente para conseguir que ni un solo envase quede fuera del cubo de recogida. En 1971 lanzan el que ha sido considerado el mejor spot publicitario sobre ecología de la historia donde un falso indio nativo americano (en realidad se trataba del actor siciliano Iron Eyes Cody) lloraba al posar su canoa en una orilla abarrotada de basura. Tanto efecto produjo esta promoción en las conciencias americanas que a los más jóvenes se les arengaba diciendo que harían llorar al indio si tiraban basura a la calle.

Anuncio del indio Keep America Beautiful

Anuncio de la “Keep America Beautiful”

Hoy día, se han sumado empresas como American Chemistry Council, Shell, McDonalds, The Clorox Company, UPS, Johnson & Johnson, Netslé o Santa Fe Natural Tobacco Campany entre otros muchos, todas ellas, seguramente, comparten su interés por cuidar el medioambiente.

El éxito de la iniciativa no fue tanto poner de manifiesto un problema, que lo había, como trasladar el origen del mismo de los fabricantes de envases y embalajes así como de empresas envasadoras al público consumidor. El que contamina, paga, reza la norma. Pero el culpable se busca entre los usuarios de los envases. La pregunta acerca de cómo podemos reciclar más  sustituyó a la que preguntaba si era necesario usar tantos envases de un único uso y fraccionar tanto el tamaño unitario hasta poblar los estantes  con interminables tipologías de formato. La responsabilidad maliciosa cambió de lado y los fabricantes siguieron fabricando más y más producto, con mayor gama de tamaños, para más aplicaciones, más coloridos. Incluso, estudios de consumo dieron origen a un envoltorio de tipo sándwich que intercalaba una fina lámina de aluminio entre dos láminas plásticas que mantiene las propiedades del alimento y ofrecía un característico sonido  que llamaba la atención de pequeños y adultos (y mascotas). ¿Quién no identifica al momento cuando alguien abre un paquete de patatas fritas? Ahora, investigadores se experimenta con sustituirlas por copolímeros de etileno y alcohol vinílico (EVOH). Se han creado auténticas matrioskas de envoltorio donde para alcanzar una galleta debes romper varias capas  de envolvente plástica sin capacidad de reutilización y se blindaron con normativas reguladoras de sanidad y consumo que obligaban (esta es la palabra clave) a garantizar las condiciones sanitarias de los alimentos, su calidad y su inalterabilidad durante el período de consumo recomendado. Los bricks para leche, zumos y salsas se producen por primera vez en la década de los cincuenta a partir del descubrimiento del envase tetra pack por parte del doctor sueco Ruben Rausing. Esta figura de cartón de forma tetraédrica revestida de un film de polietileno que, desde hace años les fabrica Repsol, fue mejorada para ganar rigidez y volumen adaptándose a la forma de ladrillo en diferentes escalas que podemos ver hoy en cualquier superficie comercial. Si a la combinación estándar se añaden finas láminas de aluminio se consigue que la leche sea capaz de aguantar, tras un proceso de ultrapasteurización, hasta 180 días sin refrigeración. ¿Cómo negarse a esta comodidad!

tetrapak

Multitud de formatos de envase de la compañía Tetra Pak Ibérica

La resistencia de estos envases, con un 80% de cartón, 15% de plástico y 5% de aluminio aproximadamente, han hecho que proliferen hasta ser el envase favorito de uso doméstico. La propagación de estos productos al resto del planeta era cuestión de tiempo. Campañas militares, humanitarias, compañías de transporte, cadenas de restauración, lugares de comida rápida y a domicilio…, se convierten en la forma más sencilla de propagación. Y mientras, la publicidad sigue bombardeando al usuario final que atormentado por su conciencia busca su lugar entre unos extremos polarizados entre la vuelta a los orígenes y el consumismo descontrolado.  No es tan importante que se vendan 185 mil millones de envases, sólo en 2015, sino que no se separe de forma selectiva las 4 capas de polietileno, la de aluminio y la de cartón que tiene cada unidad que guarda tu leche en el frigorífico. En suma, tú, usuario doméstico final que no tienes alternativa a comprar la leche, la salsa de tomate, el zumo, la sopa o la bechamel en otro tipo de envase salvo que decidas emplearte en el autoabastecimiento, volver a consumir en los escasos establecimientos de venta a granel o adquirir productos gourmet que quintuplican su precio, eres el responsable del derroche de envases que puebla tu cubo de basura, tus calles y los puntos de tratamiento. En este punto surge un tema clave, ¿qué hacemos ahora? Pues podemos hacer 3 cosas:

1.- Replantear nuestra escala de necesidades y ajustar nuestro nivel de consumo creando un marco normativo nuevo, valiente,  donde no tengan influencia los holdings poderosos del envase que ponga en valor la tasa de contaminación y la huella ecológica que supone tamaño despilfarro de recursos. Es la opción más lógica pero, lamentablemente, la menos realista.

2.- Plantear un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) donde el consumidor paga con una fianza un préstamo del envase o su tratamiento en caso de que no lo devuelva. Un sistema que, como ya veremos en el siguiente artículo, está generando tremendas luchas en la arena política entre sus partidarios y detractores (poderoso caballero don Dinero, que decía Francisco de Quevedo).

3.- Mantener y engrosar un sistema de puntos SIG donde un monopolizado ECOEMBES que representa a la mayoría de los fabricantes de envases (en España) gestiona los más de 280000 contenedores de recogida selectiva y mueve anualmente una cifra que ronda los 400 millones de euros que son pagados religiosamente (o no tanto) vía impuestos municipales.

Es una responsabilidad de todos favorecer la sostenibilidad medioambiental del planeta antes de terminar de cruzar una línea de no retorno que ya tenemos iniciada para revertir la pésima gestión ambiental de varias décadas. En el próximo artículo analizaré algunas de las opciones y trataré de arrojar luz sobre las sombras que las distintas vías de la gestión de residuos plantean. Este artículo y sucesivos no deben de servir de pretexto para no participar activamente en las escasas vías que dejan al usuario de mitigar este voraz apetito por el consumo desmedido que tenemos como sociedad pero ya os adelanto, haciendo algo de spoiler que, en los medios de subsanación, el medioambiente no es, lamentablemente, lo que más preocupa.

 

Autor: JAVIER LUQUE  @fdetsocial

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Grupo FdeT

 

Información adicional y créditos:

http://www.itene.com/proyectos-de-difusion-abierta/i/1630/56/adcellpack

http://www.directivosyempresas.com/mas-de-7-600-millones-de-envases-vendidos-en-2014/

http://www.tetrapak.com/es/about/facts-figures

http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/web/Bloques_Tematicos/Educacion_Y_Participacion_Ambiental/Educacion_Ambiental/Educam/Educam_IV/MAU_RU_y_A/rua11_2.pdf

http://blogs.repsol.com/innovacion/conoce-todos-los-secretos-de-un-envase/

 

 

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  1. Pingback : FdeT blog GUERRA EN EL RECICLAJE: ECOEMBRES VS SDDR - FdeT blog

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