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1 oct 2016

EL ESTRÉS NOS ESTÁ MATANDO

ESTRÉS. Algo con lo que estamos muy familiarizados y que nos está matando

Es algo a lo que hoy en día estamos muy acostumbrados. En casi que todas las situaciones y eventos que vivimos todos los días hay un factor siempre presente, este enemigo público, el estrés y, aunque creamos que lo tenemos controlado, es mucho más peligroso de lo que parece y, más bien, él te controla a ti. Llegamos de las vacaciones y sentimos estrés hasta que nos volvemos a acostumbrar a la rutina, tenemos una conversación tensa y no la podemos controlar, te levantas con el pie izquierdo, pisas un charco, llueve y llevas sandalias,… este tipo de situaciones y un sinfín más provocan estrés en nuestra vida.

ESTRÉS

EL ESTRÉS EN NUESTRAS VIDAS

Cabe decir que hablo en términos generales, cada persona es un mundo y le afecta de forma diferente.

Un caso de estrés negativo sería algo así:

Cada lunes suena ese despertador que te dice que se ha acabado ese efímero fin de semana y tú, preso de la rabia, te aseas y preparas tu café mientras te dedicas a mascullar todo tipo de verbalizaciones sobre el sueño que tienes y lo injusta que es la vida. ¿Por qué nos harán trabajar?, y cuando consigues vestirte, si con suerte no te has olvidado nada de camino al coche tu viaje empieza y, claro de camino a tu destino digamos que, conducir hoy en día es una prueba a tu paciencia constante. Seguro que cuando llegues al trabajo pasa algo, te tendrás que quedar unos minutos más al final, cogerás todos los atascos habidos y por haber de camino a tu casa y al llegar tendrás que cocinar y limpiar todo. Para colmo tienes unos vecinos muy ruidosos y tu descanso se reduce a nada.

Este es un hipotético caso de UN día en el que a cualquiera se nos dé mal, si esto sucediera todos los días lo más probable es que mueras a causa del estrés.

Por suerte esto pasa unas 3 o 4 veces al mes, a no ser que seamos muy patosos y es por ello que el estrés hace mella en nosotros, poco a poco y sin enterarnos de lo que pasa dentro de nuestro cerebro y organismo.

Por lo tanto ya podemos situar el estrés en un contexto para definirlo, siendo éste una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego determinados mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante, digamos que el SN simpático se activa provocando taquicardia, liberación en el torrente sanguíneo de Glucocorticoides (catecolaminas) y pone a funcionar la adrenalina y noradrenalina para prepararnos para luchar o huir (nunca debemos obviar nuestra parte más natural), además del cortisol; por suerte el SN parasimpático nos frena para llevarnos a un equilibrio.

Pero no todo el estrés es negativo (distrés), también el estrés positivo o  eustrés, puede provocar en nosotros una sensación de bienestar cuando nos ayuda frente a un examen o una prueba a superar, pues como todo en su justa medida es beneficioso, y los nervios que te llevan a levantarte por las mañanas dispuesto a afrontar esa prueba te benefician con el resultado.

Las reacciones psicológicas que causan el estrés tienen 3 vertientes:

  • Emocional: abatimiento, apatía, tristeza, irritabilidad e inestabilidad emocional
  • Cognitiva, ya que está desencadenando unas reacciones que no benefician al cerebro
  • Comportamental, redefiniendo tu personalidad y estilo de vida.

Cuando las situaciones estresantes son muy continuadas crean ansiedad, la ansiedad a largo plazo es bastante peligrosa ya que tiene a su disposición una larga lista de psicopatologías, como la depresión. Cuando la ansiedad se hace perenne en nuestro día a día nos enfrentamos a un problema mucho más grave: el estrés crónico.

Hay que tener mucho cuidado, no hacer caso a nuestras emociones siempre desencadena en enfermedades, el hecho de no cuidar un enfado, la envidia, la ira, la paz interior, la amabilidad…deberíamos dedicar una pequeña parte de nuestro ocupado día en reconocer nuestra mente – cuerpo, nuestras emociones, pues el estrés crónico puede desencadenar prácticas y hábitos reflejo que supondrían un aumento del riesgo de padecer cáncer (consumo de tabaco, exceso de alcohol, hábitos alimenticios poco saludables…)

Además, hay otras cosas muy curiosas con relación al estrés, como un artículo que leí hace poco en la revista Muy interesante donde se hablaba de que el estrés hace que no podamos reconocer, por ejemplo, las caras. Se trata de dos experimentos que realizaron investigadores de la Universidad de Bristol y Aberdeen, donde comprobaron que cuando estamos bajo condiciones de estrés y ansiedad no somos capaces de discriminar entre dos palabras que suenan parecido, como cama y cana, ni tampoco reconocemos la cara de la misma persona en dos fotografías diferentes. Lo más curioso es cómo indujeron la ansiedad colocándoles a los voluntarios una máscara que insuflaba aire enriquecido con CO2.

Que no sirva esto de excusa para, a partir de ahora, decir, “ups, no te había visto, es que estoy estresado”, cuando queráis evadir a alguien.

Esto me lleva a pensar que quizá el aire que respiramos sí nos puede predisponer a una condición mínima de estrés constante, podríamos decir que nos colocan una mecha medio encendida. Pero sólo es una hipótesis, se tendría que comprobar pero parece una razonable extrapolación del experimento.

Quizá deberíamos considerar al estrés el enemigo más grande con el que luchar día a día. Para entenderlo bien podemos usar el símil del cubo al que no dejamos de añadir basura y nunca lo sacamos de casa, además, con el agravante de que eres incapaz de olvidar que está ahí y recuerdas, exactamente, cada desperdicio de ese cubo. Para colmo le pones una tapa para impedir ver la basura pero sigues añadiendo más y más hasta que la tapa no aguanta más y se rompe, quedando la basura desperdigada y nosotros, con un cubo nuevo que comprar.

Bien, de momento no podemos comprarnos un cerebro u organismo nuevo cada vez que lo saturamos, por ello, es más recomendable cuidar el que tenemos, ya que es prodigioso, igual que lo destruye el cortisol, la serotonina y la meditación llevan a la neurogénesis y nuestro bienestar.

En los próximos artículos veremos, detectado el problema, cómo podemos afrontarlo y si es posible erradicarlo de nuestras vidas.

Ver ahora tabla de pautas para controlar el estrés

AUTORA: ROCÍO MOLINA

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