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21 feb 2016

HONGOS DE RÉCORD

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HONGOS QUE MERECEN ESTAR EN EL LIBRO GUINNESS

Si los comparamos con los animales o las plantas, los hongos aparentan ser unos organismos discretos que permanecen escondidos y sólo se dignan aparecer durante el otoño, para regocijo de los buscadores de setas. Sin embargo, éstas son sólo la punta del iceberg. Los hongos nos rodean e influyen en toda la biosfera, nosotros incluidos. Y si intentamos atisbar en su mundo oculto, nos llevaremos alguna que otra sorpresa.

Hongo Pilobolus

Hongos increíbles como el Pilobolus. Con su vesícula de líquido asegura la mayor aceleración que puede alcanza un ser vivo.

Empecemos con las setas. En una próxima entrada nos ocuparemos de ellas, tanto por su interés comestible como por su capacidad de envenenarnos.  Pues bien, son tan sólo los cuerpos fructíferos formadores de esporas de un reducido grupo de hongos (los llamados agaricoides). El organismo en sí, el micelio, permanece invisible a los ojos. Consiste en una maraña de filamentos, una sutil telaraña viva que se extiende bajo nuestros pies, bien descomponiendo la materia orgánica, bien en simbiosis con las raíces de los árboles, bien parasitando a las plantas más débiles.

fibula

El micelio, verdadero cuerpo de los hongos formadores de setas, está compuesto por unos filamentos microscópicos, las hifas.

El tamaño de algunos micelios es asombroso. Secuenciando el ADN de las setas podemos averiguar si corresponden al mismo individuo, y ahí salta la sorpresa. El récord lo ostenta una colonia de Armillaria solidipes (= A. ostoyae) en un bosque de las Blue Mountains de Oregón (Estados Unidos), que ocupa 890 hectáreas (sí, han leído bien), pesaría más de 600 toneladas y podría tener una edad de 2400 años. Sería, por tanto, el organismo más extenso conocido, y uno de los que posee mayor biomasa.

Si nos centramos en las partes visibles, es decir, las fructificaciones, existen algunas setas de dimensiones sobresalientes. La mayor de todas es Termitomyces titanicus (comestible, por cierto). Su sombrero alcanza un metro de diámetro, sostenido por un pie de hasta 57 cm de altura. A título de curiosidad, este hongo crece asociado a termiteros. Ciertos géneros de termitas, al igual que las hormigas cortadoras de hojas, cultivan hongos para su sustento. La Agricultura no es un invento humano.

En ocasiones las setas nos asombran no sólo por su tamaño o su rapidez de aparición, sino por la forma de brotar. Desde tiempo inmemorial nos han fascinado los corros de brujas (en inglés, fairy rings o anillos de hadas). Pueden medir hasta 10 metros de diámetro (aunque se han citado círculos de hasta 800 metros), y su peculiar forma hizo que se asociaran a seres mágicos o diabólicos. Su origen es más prosaico: el micelio del hongo crece de forma radial, y sus fructificaciones (las setas) se generan en la periferia de la colonia, a modo de corro. Además, en torno al borde la hierba suele mostrar un aspecto peculiar, bien sea un mayor crecimiento o todo lo contrario. Esto hace que, a vista de pájaro, en los prados aparezcan unos llamativos anillos que más de una vez se han asociado a supuestos aterrizajes de ovnis. En fin…

No todos los hongos producen las típicas setas. Los yesqueros, por ejemplo, dan lugar a fructificaciones con aspecto de repisa o costra. Deben su nombre a que antiguamente eran empleados para fabricar yesca con la que encender fuego.

 Fomes fomentarius

Fructificaciones de Fomes fomentarius, un yesquero típico. Este hongo figuraba entre las posesiones encontradas junto a la famosa momia de Ötzi, descubierta en los Alpes en 1991.]

Pues bien, uno de estos yesqueros, Phellinus ellipsoideus, hallado en la isla de Hainan (China), mide más de un metro de largo y pesa entre 400 y 500 kilos.

Algo que llama la atención de los hongos es su rapidez de crecimiento. En otoño, las setas parecen brotar de la nada en cuestión de horas, como por arte de magia. Sí, los micelios fúngicos pueden ser muy rápidos. Por ejemplo, Geotrichum candidum, pariente de las levaduras, puede duplicar su propio peso en algo más de una hora. En cambio, algunos líquenes crustáceos que viven en condiciones extremas sólo crecen 0,01 mm al año.

Geotrichum candidum

Imagen al microscopio de hongos Geotrichum candidum

Pero si hablamos de velocidad o, mejor dicho, de aceleración, un modesto hongo acabó por convertirse en protagonista en varios vídeos de YouTube. Se trata de Pilobolus (ver imagen de cabecera), un descomponedor que se encuentra con frecuencia en un hábitat tan poco glamuroso como las boñigas de vaca. Pilobolus no forma setas, sino que sus esporas se agrupan en unas diminutas bolsas, los esporangios, dispuestos al extremo de unas hifas de soporte, los esporangióforos. Éstos, por cierto, funcionan como cables de fibra óptica, y  han evolucionado de forma que permiten al hongo apuntar hacia la luz, para asegurar la dispersión de los esporangios. Éstos salen disparados por la explosión de una vesícula de líquido, que los lanza con una aceleración brutal, la mayor medida en un ser vivo: de 0 a 20 km/h en 2 microsegundos. O sea, aproximadamente 20.000 G. Ahí es nada…

AUTOR: Dr EDUARDO GALLEGO ARJONA. Profesor en UAL

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