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1 sep 2016

INCENTIVAR LA GOBERNABILIDAD CON UN CAMBIO DEL SISTEMA ELECTORAL

Una de las seis condiciones impuestas por C’s al PP, para apoyarle en la investidura, ha sido la reforma de la ley electoral, para hacerla más proporcional y desbloquear las listas electorales.

Es muy necesario cambiar el sistema electoral del Congreso de los Diputados pues, a lo largo de esta etapa democrática, en todas las elecciones celebradas desde 1977 hasta 2016, ha originado injusticias en la representación de algunos partidos políticos.

Cambio Ley Electoral para aumentar la gobernabilidad

Elección 2016: escaños con el sistema propuesto en 2014 y con el actual.

Así por ejemplo, aunque haya pasado desapercibido para la mayoría de los electores, en las pasadas elecciones del 26 de junio, PACMA obtuvo casi los mismos votos que el PNV, 285.000 y 286.000 respectivamente, sin embargo el partido animalista no recibió ni un escaño mientras que el PNV recibió 5;  en diciembre de 2015 ocurrió algo similar, los votos de IU fueron 923.000 y los de En Común 928.000, pero IU obtuvo solo 2 escaños frente a los 12 de En Común; en 2011 tanto IU como UPyD recibieron muchísimos más votos que CiU, pero IU quedó con 11 escaños y UPyD con 5, mientras que a CiU el sistema electoral le asignó 16 escaños. Semejantes comparaciones entre votos totales de los partidos y escaños recibidos y, por tanto, semejantes injusticias en la representación proporcional, se han producido en todas las demás elecciones. El sistema electoral del Congreso de los Diputados origina déficit de representatividad en la composición del mismo.

Es cierto que no existe un sistema electoral perfecto, y que si se desea una proporcionalidad muy elevada, lo más cercana posible a la exactitud, el parlamento se fragmenta y aumenta el riesgo de ingobernabilidad; pero, si no se exige una proporcionalidad tan elevada, es posible conseguir mayor representatividad e incluso un mayor incentivo para la gobernabilidad.

Representatividad y gobernabilidad son dos objetivos que hay que tratar de compatibilizar en el diseño de cualquier sistema electoral. Parecen contradictorios, y de hecho hay quienes piensan que mejorar la representatividad implica debilitar la gobernabilidad y recíprocamente. Sin embargo no suele ser así, en muchas ocasiones el sistema electoral admite ser cambiado a otro más representativo en el cual la gobernabilidad no se dificulte, e incluso se facilite. Es lo que ocurre con el sistema electoral del Congreso de los Diputados. Además, hay diversas posibilidades de reformarlo para que conduzca a un parlamento más ecuánime, representativo y gobernable.

Por ejemplo, una forma de conseguirlo podría ser con la propuesta que presentó el grupo parlamentario de UPyD en 2014, basada en el libro elaborado con tal fin por mi grupo de investigación, libro que había sido enviado a todos los partidos políticos del Congreso un año antes.

La toma en consideración de aquella propuesta fue rechazada por el Congreso el 7 de octubre de 2014,  pero está recogida con todo detalle en el boletín oficial de las Cortes. Se puede comprobar que si se aplica a la votación del pasado 26 de junio la asignación de escaños a los partidos es la que aparece en la cuarta columna de la tabla que se muestra al inicio de esta entrada.

Al comparar las columnas tercera y cuarta, para cada partido, es decir la cuota (o proporcionalidad exacta) con los resultados que habría dado el sistema propuesto, se observa en primer lugar que todos los partidos, excepto el vencedor, reciben un número de escaños algo inferior (pero muy próximo) a su cuota; en segundo lugar, un partido con más votos que otro no recibe menos escaños, contradicción que sí ha ocurrido con el sistema actual al comparar el partido Animalista con Bildu o con Coalición Canaria (véase la última columna). En tercer lugar, la prima del vencedor habría sido idéntica a la obtenida con el sistema electoral actual (ya que ambos sistemas electorales le conceden 137 escaños, 20 por encima de su cuota) y, por último,  la suma de PP con C’s le habría supuesto 182 escaños, que es mayoría absoluta.

Si aplicamos la misma propuesta a los votos obtenidos por los partidos en diciembre de 2015 las observaciones son similares. De nuevo, habría mejorado mucho la representatividad y algo la gobernabilidad, aunque con respecto a la gobernabilidad, en aquel caso, la suma de los escaños de PP y C’s habría sido 125+48=173, sin llegar a la mayoría absoluta por tres escaños.

La citada propuesta usa el método d’Hondt para distribuir los escaños a los partidos y las circunscripciones son las mismas que usa el sistema actual, es decir, las 50 provincias junto con Ceuta y Melilla; el tamaño de las circunscripciones se obtiene como se indica en la Constitución. Así pues, este cambio de sistema electoral mejora la representatividad y la gobernabilidad y, además, no requiere modificar la Constitución. La propuesta también contemplaba un método para el desbloqueo de las listas electorales.

La modificación del sistema electoral que ahora se ve forzado a aceptar el PP, si quiere conseguir el apoyo de C’s a la investidura de Rajoy, debe cumplir unos requisitos que los cumple la propuesta que rechazó el PP dos años atrás.

El único argumento que esgrimió en aquella ocasión el representante del PP, en su intervención en el pleno, para rechazar la propuesta en 2014 fue que “rayaba la constitucionalidad”. Ante la duda de que la propuesta citada pudiera no ser constitucional, hemos de indicar que admite una pequeña variante. Se puede garantizar, a cada partido en cada circunscripción electoral, un número de escaños igual o superior a la parte entera de su cuota, que fue la sugerencia del Consejo de Estado en su informe para la reforma del sistema electoral, emitido el 24 de febrero de 2009.  De esta forma, los resultados globales para los partidos continuarían siendo los mismos, es decir en junio de 2016 habrían sido los que aparecen en la columna cuarta de la tabla, pero la distribución de los escaños de cada partido entre las provincias podría tener algún pequeño cambio con respecto a la propuesta que presentó UPyD.

Una modificación de ese tipo conduce a un sistema electoral mucho más justo que el actual pero no garantiza la investidura de un Presidente de Gobierno, porque no garantiza a ningún partido mayoría absoluta de escaños, salvo que reciba cerca de la mayoría absoluta de votos (normalmente superar el 45% de los votos es suficiente).

Por ello, además de la reforma del sistema electoral del Congreso, hemos de indicar que el fracaso producido en la elección de Presidente del Gobierno tras las elecciones de 2015 debía llevarnos a una modificación del  método de elección del presidente. Aunque este cambio quizás sea más complejo, porque requiere cambios en la Constitución.

Un método de elección social para la elección de un cargo unipersonal, como es el de Presidente del Gobierno, debe declarar un vencedor siempre, y el actual no lo ha conseguido en una ocasión; por tanto, puede volver a fallar en el futuro.

Hay diversos métodos de elección de cargos unipersonales que garantizan siempre la existencia de un vencedor. Dos ejemplos muy conocidos en España son el utilizado para la elección de los alcaldes y el usado para la elección de rector en las universidades españolas. No son los únicos ni siquiera los mejores, pues creo que hay otros más apropiados para la elección de Presidente del Gobierno, pero al menos no fallan.

Autor: VICTORIANO RAMÍREZ GONZÁLEZ Catedrático y Director de GIME (Grupo de Investigación en Métodos Electorales). Universidad de Granada.

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