ENTRADAS

10 jun 2015

EL IVA, ESE IMPUESTO…

EL IVA en el tablero político actual

Alcanzada ya la época estival los españoles hemos podido observar en el último año una muy diversa entrada y salida de nuevos candidatos al Parlamento Europeo, Autonomías y Municipios. Indagando entre programas políticos es, cuanto menos, destacable la propuesta de modificación de los tipos impositivos en el IVA sugeridos por cada uno de ellos. Sin embargo, algunos medios de comunicación no han querido percatarse y han preferido empezar a preocuparse por la política internacional de países muy concretos. Lo cierto es que en unos meses se acercan las generales y una mayoría relativa podría acarrear la modificación de la Ley 37/1992.

IVA

Nunca un tributo había hecho tan poca honra a sus características como el IVA, pues a pesar de ser uno de los denominados impuestos indirectos, quizá no exista ningún otro que cause por igual y de una forma tan directa una merma mayor en el bolsillo de los contribuyentes.

Actualmente el IVA se desglosa en tres tipos impositivos:

Tipo súper reducido del 4%: aplicable a medicamentos,  libros de texto,  productos básicos (tales como pan común, harinas, leche, huevos, frutas, verduras, hortalizas, legumbres, tubérculos y cereales naturales), vehículos para personas con movilidad reducida, prótesis, implantes o viviendas calificadas como VPO entre los más destacables.

Tipo reducido del 10%. Entre los más destacados encontramos aguas aptas para la alimentación humana o animal o para riegos. Carne, pescado, aceite y azúcar. Medicamentos de uso veterinario. Compresas, tampones y anticonceptivos. Equipos médicos y demás instrumental diseñados para aliviar o tratar deficiencias de personas que con deficiencias físicas, intelectuales o sensoriales. Transporte de viajeros. Servicios de hostelería en general a excepción de espectáculos, discotecas y salas de fiesta. Entrada a bibliotecas, museos, galerías de arte y centros de documentación.

Tipo general del 21% para el resto de prestaciones no incluidas en las anteriores.

Pues bien, en cuanto a la modificación del impuesto que nos ocupa en los últimos años cada partido político ha dado una serie de respuestas todas ellas muy alineadas entre sí. Durante la última legislatura del Partido Socialista, el entonces presidente Zapatero anunciaba y aprobaba repentinamente en 2010 como medida contra la crisis una subida del 16 % al 18%. Poco después en 2012, el gobierno del actual presidente Mariano Rajoy, a pesar de haber anunciado expresamente en su campaña electoral que no se iba a producir ningún incremento, añadió dos puntos más, pasando del recién establecido 18% al 21% para el tipo general y del 8% al 10% para el reducido. Además ciertos productos dejaban de beneficiarse de gravámenes reducidos.

Por aquel entonces el sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha)  ya anunciaba como consecuencia un sobrecoste medio estimado de unos 437 euros para el conjunto de los hogares.

Actualmente los nuevos partidos entrantes particularmente Podemos y Ciudadanos no terminan de concretar. Ambos se decantan por la eliminación del tipo reducido, que vendría a ser ocupado por el actual súper reducido. Podemos sugería una subida de un punto en ambos, alcanzándose el 5% y el 22% respectivamente. Por su parte, Ciudadanos proponía un 7% para el reducido y un 18% para el general.

El problema sin embargo va más allá de su simple subida o bajada. La ambigüedad de los programas no permite al contribuyente en la mayoría de los casos conocer exactamente cuál será el tipo de tributación de cada bien o servicio. De ahí que el votante vuelva a encontrarse en tierra de nadie ante un panorama que continúa caracterizándose por su falta de transparencia.

Fundamento para su modificación

El pretexto utilizado por la mayoría de los grupos parlamentarios se resume en la misma frase: “La presión fiscal en España sigue por debajo de la media Europea”. La  expresión ya empieza a resultar cómica entre muchos españoles. Pero ¿es realmente cierto? Llevemos a cabo para averiguarlo una rápida comparativa con nuestro marco europeo. Para ello, qué mejor que seleccionar uno de los países preferidos por nuestros gobernantes a la hora de acatar “determinadas” reformas: Alemania. Das Umsatzsteuergesetz (UStG), o lo que es lo mismo la Ley para el IVA alemana, prevé dos tipos, uno reducido del 7% y otro general del 19%, estando el primero de ellos reservado a la alimentación, al suministro de agua, y libros. Resulta sin embargo sorprendente que, en este caso, no se siguiesen las prácticas de nuestros socios germanos y que a día de hoy sigamos pagando un mayor tipo general que nuestros vecinos.

Ahora bien, parece que nuestros dirigentes aún no se han percatado de que el salario medio en otros países centro-europeos supera con creces el español, siendo en Alemania de 45952 € al año frente a los 26162 € al año en España durante el año 2014.

¿A quién afectarían las subidas?

De lo expuesto anteriormente se desprende que los más perjudicados volverían a ser estudiantes, enfermos, especialmente los afectados por enfermedades crónicas, y en resumidas cuentas, el ciudadano de a pie en las compras de su día a día.  Pero no sólo los consumidores  finales como sujetos pasivos del  impuesto pueden sufrir las consecuencias que el  incremento de tipos acarrearía,  pues éstas son también extrapolables a otros “obligados tributarios”, caso de las PYMES. Actualmente las demoras por parte de la AEAT en las devoluciones tributarias que tienen que llevar a cabo, terminan destrozando la contabilidad del empresario (hasta seis meses dispone el fisco para reintegrar lo que corresponde a cada contribuyente a contar desde que finaliza el plazo de presentación voluntaria del impuesto sin incurrir en interés de demora).  Así las empresas no solo se ven privadas de importantes picos de tesorería sino que, en el peor de los casos, tienen que recurrir, obligatoriamente, a buscar financiación privada provocándoles endeudamientos innecesarios. Nuevos incrementos por tanto, contribuirían a engrosar el problema.

Queda patente, por tanto, que cualquier modificación en la suscitada materia, debería  ser anunciada con la máxima concreción, punto por punto y abordarse con la delicadeza que el tema requiere, evitándose usar un hacha allí donde se necesita un bisturí.

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