ENTRADAS

15 May 2019

A la muerte de Rubalcaba

Alfredo Pérez Rubalcaba entregando el 2º Premio Nacional a las Nuevas Tecnologías a quien escribe estas líneas.

En estos días toda España se duele por la desaparición de un gran político, de un verdadero hombre de estado de esos que ya no quedan. De esos que innovaron, crearon, organizaron y mantuvieron con mano firme la palanca del gobierno, desde el escenario o entre bambalinas, durante muchísimos años. El auténtico Maquiavelo del gobierno español desde el 82 hasta hace poco.

No deseo exaltar sus méritos políticos que están en todos los periódicos y noticiarios de estos días pero si le debo una mención a algunos de los académicos. Profesor de química orgánica de la Complutense, estuvo ligado a la educación en su primera etapa política con Felipe González.

Creó la Ley de Reforma Universitaria (LRU), la Ley Orgánica de Ordenación del Sistema Educativo (LOSE) y posteriormente la LOGSE (Ley de Ordenación General del Sistema Educativo). De hecho todas las reformas educativas de importancia que se han realizado en este país las hizo él. No hemos vuelto a tener un ministro de educación que le llegue a la suela de sus zapatos.

Yo le conocí porque me entregó personalmente un premio a la innovación didáctica. Era por entonces Secretario de Estado para la Educación. Al año siguiente sería Ministro de Educación y Ciencia. Había ideado un “Programa de Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación” porque por aquellos años, finales de los 80, estaba empezando a pegar con fuerza la informática y ya se vislumbraba que iba a tener una gran relevancia en los sistemas educativos. Él lo olfateó y montó este programa con un concurso nacional para incentivar al profesorado a meter las manos en la masa informática y comenzar a crear programas educativos (hoy les llamaríamos “aplicaciones educativas” o incluso “algoritmos”, pero en aquella época no éramos tan petulantes). Yo que estaba metido en el ajo hasta las trancas porque había iniciado la enseñanza de la informática en mi instituto, creo que en el año 82, de contrabando, (por la negativa de la Inspección de Enseñanza Media de Granada que “no creyó que la informática tendría interés para la enseñanza”) y estaba montando un programa para ayudar a los estudiantes a leer bien y deprisa, por aquello de no perder el tiempo en fruslerías, amplié y perfeccioné el programa y lo presenté al ministerio con el título “Curso MOS de lectura rápida”. Pues no se lo creerán ustedes, pero me dieron el 2º Premio Nacional a las Nuevas Tecnologías, 1991, dotado con 500.000 pesetillas del ala (hoy puede parecer una minucia pero en aquella época supuso un bocado trascendental para mi hipoteca…). Y el premio me lo entregó en persona D. Alfredo Pérez Rubalcaba, que si ya de antes me caía bien, desde entonces ni os cuento.

Además aquello me hizo famosillo en la época, así, en los años siguientes, me convertí en un referente de las innovaciones informáticas. Estuve de ponente en las “Primeras Jornadas de Software educativo” del MEC-CIDE, en Madrid, también fui ponente en el “8º Congreso de Didáctica de la Física” de la UNED y un en montoncito más de las que ya ni me acuerdo.

Pero quiero destacar también la relevancia que tiene la innovación que se realiza en nuestro país (cuando esto, insólitamente, ocurre). Unos años más tarde, creo que hacia el 95, una noche, a eso de las 4 de la madrugada, recibo una llamada telefónica. No necesito explicar el miedo con que cogí el teléfono maliciando alguna desgracia familiar. Pues nada de eso, era un señor que se presentó como el Director de no recuerdo qué colegio de Caracas (era evidente que este buen señor no había tenido en cuenta el salto horario, allí serían alrededor de las 10 de la mañana). Estaban usando mi programa en su colegio, la edición que había publicado nuestro Ministerio, y habían encontrado un fallito en el salto de una cierta respuesta. Había llamado al Ministerio y le habían dado mi teléfono. Me pedía si podía arreglarlo y mandarle la nueva versión del programa. Me costó trabajo aceptar que algo que habíamos hecho aquí, como de andar por casa, estaba siendo utilizado incluso en Hispanoamérica apenas unos años después.

Toda esta historieta que os cuento no habría acontecido si en España no hubiéramos tenido la suerte de tener un gran hombre de estado como Rubalcaba, que puso la educación en nuestro país a la altura de las mejores del mundo en su época.

¡Qué pena que los españoles no seamos capaces de ver los méritos de las grandes personalidades hasta que no se mueren! Descanse en paz, don Alfredo.

AUTOR: Manuel Reyes Camacho

Todos los artículos del autor para FdeT

Si quieres contactarnos envíanos un email a fdetformacion@gmail.com

Compartir:
Facebooktwittergoogle_pluslinkedin

Leave a Reply

A %d blogueros les gusta esto: