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30 jun 2015

LIBERTAD DE EXPRESION EN LOS TIEMPOS QUE CORREN

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La libertad, ¿tiene límites?

Ya hace un tiempo de la puesta en marcha de este espacio  y la verdad es que cada vez me gusta más, con tantas aportaciones interesantísimas. Resulta muy agradable de ojear, de leer y de comentar. Gracias a los impulsores de esta plataforma, y a los demás colaboradores por saciar mi curiosidad.

Pues bien, avanti con la guaracha. Hoy, desde mi rinconcito, vamos a seguir con lo habitual, hablar de todo menos de lo debido y vamos a tocar un tema sacrosanto: la libertad. Y, como la libertad, como su propio nombre indica, es y debe ser muy amplia, vamos a concretar un poco: la libertad de expresión.

Libertad de expresión

Libertad de expresión en redes sociales

En mil ocasiones resulta recurrente escudar determinados comportamientos en la libertad de expresión, a veces con razón, a veces cuando se ha metido la pata hasta el fondo. Lo primero que hay que responder a la pregunta que encabeza estas líneas es: , existen límites a la libertad de expresión. Pero estos límites son más bien dogmaticos.

Estos límites se podrían definir brevemente como: “una entrada en el ámbito máximo de extensión de un derecho fundamental”. Es decir cualquiera, en un momento dado, puede incidir en un derecho de su prójimo y, por ello, se les protege. Pero como digo estos límites son dogmáticos y sirven para que, a la hora de juzgar, estén ahí a modo de referencia. Sería un coñazo que todo ciudadano fuera a cada rato invocando sus derechos para no sentirse atacado. La vida perdería fuste.

Así, la libertad de expresión, como ya he dicho, es recurrente y a cada rato se enarbola como una bandera. Ciertamente, hay gente demasiado tiquismiquis pero también hay casos en que hay que sacar a ondear esa bandera a lo más alto posible.

Hagamos un ejercicio de frivolidad, pongamos ejemplos. Hace bien poco leí en un diario que el colectivo de perfumerías se había ofendido cuando un representante político decía que los cambios en el poder ejecutivo serian cosméticos porque, a su entender, decía que esta afirmación les degradaba. Ejemplo de cogérsela con papel de fumar, permítanme la expresión. Cada vez hay más de estos a nuestro alrededor, y tanta corrección resulta insultante. Luego, nos quejaremos de que hay quien habla con eufemismos…

Por otro lado, todos recordamos los atentados contra la revista Charlie Hebdo, que dieron mucho que hablar en su momento. Este sí es un ejemplo en el que hablar de libertad de expresión apela a su forma más magnánima, pues fue una barbarie en todos sus sentidos. En este contexto, hubo una opinión que sobresalió sobre todas y que, nunca mejor dicho, tuvo más razón que un santo. El Papa Francisco dijo aquello de todos podemos expresarnos libremente hasta que te metes con mi madre y te suelto una trompada. Genial, no se puede explicar mejor y no se puede expresar tanta sabiduría en un discurso tan breve.

No se puede pasar de largo la incidencia de la era de la información en nuestro debate de hoy. Como en todo hoy en día, las redes sociales están ahí mediatizándolo todo, de tal forma que puedes dar una opinión y que la vea todo el mundo en menos de un segundo. Y a la vista está, las RRSS no son algo que se pueda utilizar a la ligera, ¡que esta la vida de una forma que uno no sabe cuándo va a ser concejal oye!

En el fragor del debate se puede caer en una ofensa. En las RRSS no existe tal fragor con lo que la lógica nos diría que al poder ser mas reflexivos nuestras opiniones también lo van a ser, pero no. La gente tuitea cual acto reflejo. A veces hilando muy fino y a veces cayendo en lo grotesco. Con esto no quiero decir que haya que hacer un ejercicio de introspección cada vez que se vaya a tuitear, que cada uno es libre de hacer lo que quiera. Simplemente que seamos responsables de nuestra propia libertad y la manejemos con cuidado. No por insultar más ferozmente se va a tener más razón.

Además, los derechos actúan como principios autoreguladores de nuestra sociedad. Están en el subconsciente y nos hacen actuar de determinada forma, pero no son un salvoconducto para hacer lo que queramos, pues eso desvirtuaría su fin último como garante de la convivencia.

En definitiva, la libertad de expresión es algo genial y, por definición, debe ser amplia. No cabe en cabeza humana que un gobierno, por ejemplo, tenga que editar manuales de hasta dónde llegar con nuestra libertad de expresión para no ofender. Al final, observen, acabamos hablando de respeto al prójimo y educación, algo que es primario, tan primario que es, como el uso que debemos hacer de nuestra libertad de expresión, de sentido común.

AUTOR: FRANCISCO CRUZ CRUZ

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