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23 sep 2015

LINNEO Y LA CLASIFICACION BIOLOGICA POR JERARQUIAS

LINNEO Y EL JUEGO DE… REINOS (I)

Antes de hablar sobre las setas y sus peligros, ahora que viene el otoño, convendría explicar unos conceptos básicos sobre la clasificación de los seres vivos. Confío en que los no biólogos lo agradecerán.

Para poder entender (y manipular) el mundo que nos rodea, necesitamos ordenarlo y clasificarlo. Además, nos encantan las dicotomías, es decir, dividir los conjuntos en dos partes. Así, los seres se clasifican en vivos e inertes; los vivos, en animales y plantas; los animales, en vertebrados e invertebrados; etc. Las dicotomías nos hacen sentir cómodos, quizá porque reflejan una separación básica: entre «nosotros» y «ellos».  «Nosotros» suele ser un grupo pequeño, bien definido. Todo lo que no cabe ahí va a parar al cajón de sastre de «ellos».

Linneo: clasificación jerárquica

  Linneo y su clasificación. Cada cual en su sitio

Esto también sucede en la clasificación tradicional de los seres vivos, los cuales se agrupaban en dos reinos, Animal y Vegetal. Todo el mundo tenía muy claro lo que era un animal, pues nosotros lo somos. Lo que no encajaba en ese reino acababa en el Vegetal. Sin embargo, en éste había una biodiversidad infinitamente mayor. Y conforme la ciencia avanzaba y mejoraban los medios de observación (microscopía, bioquímica, secuenciación de ADN…), se llegó a la conclusión de que el sistema de dos reinos era insostenible.

¿Cómo clasificamos los seres vivos?

En el siglo XVIII, el gran botánico Linneo propuso un sistema jerárquico que hoy seguimos utilizando. Viene a ser como la organización de los archivos en del ordenador: carpetas dentro de carpetas, unas grandes, otras pequeñas, con más o menos contenido…

Linneo, hombre de su época, tenía una concepción fijista de la naturaleza: Dios había creado cada especie de forma independiente. Sin embargo, cuando Darwin y Wallace demolieron esa concepción del mundo vivo, al demostrar que las especies evolucionaban a lo largo del tiempo, el sistema de clasificación de Linneo sobrevivió al cataclismo. ¿Cómo es posible?

Para los evolucionistas, la Historia de la Vida puede representarse como un árbol  que crece a lo largo del tiempo, con ramas que brotan y proliferan, mientras que otras mueren. Pues bien, es sencillo adaptar un sistema jerárquico de «carpetas dentro de carpetas» a otro de «ramas que salen de ramas».

imagen1

La unidad básica de la clasificación biológica (el equivalente a un archivo en el ordenador) es la especie. Nosotros pertenecemos a la especie Homo sapiens. Los algarrobos, a Ceratonia siliqua. Los níscalos, a Lactarius deliciosus… Como vemos, las especies reciben un nombre doble (binomio) en latín. La primera palabra corresponde al género, y la segunda a la denominación específica. Se escriben en cursiva, y el género con mayúscula inicial.

Más o menos, todos tenemos claro qué es una especie: un grupo de organismos similares, capaces de reproducirse entre sí y dar descendencia fértil. Eso no ocurre con especies diferentes. Un leopardo no puede aparearse y dar descendencia fértil con una berenjena, pongamos por caso. Son especies distintas.

Por desgracia para los taxónomos (la Taxonomía es la ciencia de la clasificación), las especies no son fijas, con una esencia inalterable, al estilo de las ideas platónicas. No; las especies evolucionan, y en ocasiones es muy difícil distinguir unas de otras. Más aún: los individuos de especies que se separaron recientemente pueden todavía cruzarse y dar híbridos fértiles. Eso ocurre, por ejemplo, entre el oso blanco (Ursus maritimus) y el oso pardo (Ursus arctos), ahora que el cambio climático provoca el solapamiento de sus áreas de distribución. También fue el caso de nuestros antepasados y los neandertales (Homo neanderthalensis), sin ir más lejos.

Las especies estrechamente emparentadas se agrupan en géneros. Que sepamos, nuestra especie, Homo sapiens, es la única que ha sobrevivido del género Homo. Hay quien piensa que podrían existir parientes nuestros correteando por ahí, como el yeti, pero no disponemos de pruebas sólidas que lo respalden (al respecto, véase el blog Lo fantástico).

En cambio, hay géneros con un gran número de especies. Por ejemplo, dentro de Amanita encontramos setas comestibles como la oronja (Amanita caesarea) o el gurumelo (Amanita ponderosa), alucinógenas como la matamoscas (Amanita muscaria) o tóxicas mortales, como la oronja verde (Amanita phalloides).

Subamos en la jerarquía. Los géneros próximos se agrupan en familias. Así, los géneros Homo (nosotros), Pan (chimpancés), Gorilla (gorilas) y Pongo (orangutanes), junto a otros ya extintos (Australopithecus, Paranthropus, etc.) pertenecemos a la familia de los Homínidos.

Las familias evolutivamente cercanas se agrupan en órdenes. Por ejemplo, la de los Homínidos, junto a los Cercopitécidos (monos de Eurasia y África), los Lemúridos (lémures) y muchas otras, forman el orden de los Primates.

Los órdenes próximos se agrupan en clases. Los Primates, junto a los Cetáceos (ballenas y delfines), los Carnívoros (perros, gatos, hienas, osos…), los Quirópteros (murciélagos), los roedores, etc., pertenecen a la clase de los Mamíferos.

Las clases emparentadas se agrupan en filos o tipos. Así, las clases de los Mamíferos, Reptiles, Aves, Anfibios, Sarcopterigios (peces con aletas lobuladas), Actinopterigios (peces con aletas de radios), Condrictios (tiburones, rayas…) y unas cuantas más forman el filo de los Cordados.

Los filos se agrupan en Reinos. Los Cordados, junto a los Moluscos, Artrópodos, Equinodermos, Anélidos y unos cuantos más (aquí está la lista completa) integran el Reino Animal.

Si visualizamos la evolución de los seres vivos como un árbol, los reinos serían los troncos principales; de ellos brotarían los filos, de éstos las clases, y así hasta llegar a las especies: las ramitas más finas, las cuales podrán dividirse y seguir creciendo… o morir sin descendencia.

Hasta el siglo pasado sólo se admitían dos reinos de seres vivos, Animal y Vegetal. En la próxima entrada veremos que el panorama no es tan simple, por fortuna. La Naturaleza siempre nos maravillará con su diversidad y complejidad.

Pincha aquí para leer la entrada siguiente  LINNEO Y EL JUEGO DE… REINOS (II)

Autor: Dr. Eduardo Gallego

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