ENTRADAS

27 feb 2016

DE LOS PODERES, AFORAMIENTO Y OTRAS PERVERSIONES

¿Tiene sentido mantener un estado de aforamiento?

Terminada una época revuelta (aunque aun no haya gobierno) más nos vale volver a la normalidad y escribir algo en este cibernético rincón del que tanto se aprende.

Dios sabe que, si este blog estuviera dedicado a una solo materia y esa fuera la política podría soltar mala uva para una serie entera de artículos, pero nuestra finalidad es divulgativa, así que…, a divulgar se ha dicho. Si veis que en vez de divulgar, más bien divago será solo producto de vuestra imaginación.

justicia

Tal es la población de políticos investigados judicialmente en nuestro país que con bastante asiduidad se habla en prensa y demás de la figura del aforamiento, un fenómeno que, en España, está demasiado propagado y que habría que reducir a su mínima expresión pero, para eso, hay que querer.

Pues bien, en España, según nuestra Constitución, gozan de fuero propio el rey y la reina en ejercicio (así como los reyes eméritos), su familia directa y los diputados y senadores, nacionales y autonómicos. Esto hace un total de más de 10.000 criaturas con un privilegio anacrónico e injustificado, en la mayoría de casos. Algo totalmente inaceptable. Este fuero propio se plasma en distintas prerrogativas:

La primera de ellas es la inviolabilidad del artículo 71.1 CE, es decir, el parlamentario no puede ser perseguido judicialmente por su opinión o por el sentido de su voto, eso sí, siempre dentro del ejercicio de su cargo. Esto se explica en la medida en que si un determinado personaje (déjenme llamarlos así cariñosamente porque hay cada uno que tela marinera…y NO me estoy refiriendo al rastafari) está en una cámara legislativa es porque lo han votado, y si un sistema es democrático y hay libre expresión, dicho personaje podrá expresar libremente sus ideas, que para eso está ahí. Nada que objetar

Esto entronca con la segunda prerrogativa, la inmunidad. Según ella, los Diputados y Senadores solo podrán ser detenidos en caso de flagrante delito, y  para ello es necesario solicitar la autorización del Parlamento para poder ser inculpados o procesados (artículo 71.2 de la Constitución Española). Esta autorización la solicita el Tribunal Supremo a la Cámara correspondiente, mediante el suplicatorio a las Cortes, un requisito procedimental mediante el que el Poder Judicial hace una petición para proceder penalmente contra algún miembro del Poder legislativo. Lo que decíamos antes. Nuestro personaje-legislador no puede ser detenido por defender una idea determinada, pero si comete un ilícito penal flagrante ya estamos hablando de otra cosa. No es plan de tener asesinos y rateros (aunque de estos últimos alguno habrá) en nuestras cámaras representativas.

Y llegamos a la última prerrogativa, a la madre del cordero.  Los diputados y senadores solo podrán ser juzgados por el Tribunal Supremo. Ahora viene la traca, verán. Resulta que, a los miembros de este Tribunal, los elige y supervisa el Consejo General del Poder Judicial, y ¿quién elige a los miembros del CGPJ? Pues, según el modelo implantado por la Ley Orgánica 6 de 1985, al máximo órgano del Poder Judicial lo eligen… ¡los políticos! Osea, que los legisladores eligen a las propias personas que los tendrían que juzgar, ¿no es maquiavélicamente genial?

A mí, lo expuesto en el párrafo anterior me parece una obra de arte. Los políticos eligen a jueces amiguitos suyos para que juzguen a sus colegas que se han salido del tiesto. Todo queda en familia.

Pero no sé si se han dado cuenta, tanto ustedes lectores como sus señorías, de un detalle. Es el Poder legislativo el que elige al Poder judicial. ¿Y la separación de poderes? ¿Y Montesquieu? Pues como decía un miembro del gobierno que aprobó esa Ley, Montesquieu ha muerto, D. E. P.  Yo no sé a los que me leen, pero a mí esto me parece un atropello.

Si les indigna, dirán: ¿cómo fue posible? Pues creo que por complejo de joven democracia. Como los niños cuando quieren ponerse a la altura de un adulto, la joven democracia española cometió esta gilipollez a ver si así era más progresista que nadie. Y 20 años después el mismo partido que favoreció esto se queja de que los de la bancada de enfrente también se beneficien de los aforamientos… C’est la vie, c’est la politique.

Autor: FRANCISCO CRUZ 

Ver más entradas del mismo autor

Si quieres participar en el blog como colaborador en alguna de las secciones, envíanos un mail a info@fdet.es 

Grupo FdeT

Compartir:
Facebooktwittergoogle_pluslinkedin

Leave a Reply

A %d blogueros les gusta esto: