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14 oct 2015

Paradoja y Contraparadoja 2/2

Paradoja y Contraparadoja. La parentificación y otros fenómenos.

Artículo basado en el libro “Paradoja y contraparadoja: un nuevo modelo en la terapia de la familia con transacción esquizofrénica

Autores: M. Selvini Palazzoli • L. Boscolo G. Cecchin • G. Prata

Es muy importante llegados a este punto la primera prescripción porque es la clave de todas las sesiones, en esta sesión se conoce la forma de actuar que tienen los miembros y si van a cumplir las prescripciones que se les haga, normalmente después de la primera prescripción empiezan a ocurrir buenos resultados si los padres llevan todo a cabo. Después de todos los ejemplos que da el libro es muy interesante darse cuenta de cómo todos actuamos de la misma manera.

Leer el artículo “Paradoja y Contraparadoja 1/2” para entender mejor esta entrada.

 

Terapia: Paradoja y Contraparadoja. La parentificación y otros fenómenos

Paradoja y Contraparadoja. La parentificación y otros fenómenos

 

Una de las cosas que más realizan los terapeutas es la de hacer rituales familiares que se entienden perfectamente cuando se empieza a conocer un caso, por ejemplo en el caso del mito familiar este se extiende en 3 generaciones, la primera la crean los abuelos, que hacen de los hijos las mismas personas y con los mismos valores equivocados y se creen familias modelo, porque enseñan que lo que hay es con lo que hay que conformarse y no hay quejas. Pero con la prosperidad de la 3 generación vienen los problemas porque se salen del molde. Tras conocer todo un caso se prescribe el ritual que puede consistir en sentar a toda la familia con un temporizador para dar el turno de palabra y que así de comuniquen y digan lo que piensan para luego comentarlo en la terapia. La mayoría de las veces nos ocurren problemas por falta de comunicación, porque nos quedamos con los que hemos percibido y hacemos nuestras inferencias, de modo que cuando se realiza el ritual todo se vuelve más fácil porque otorgamos a los demás la posibilidad de defenderse.

Hay algunos casos con hermanos en los que el paciente designado cree que es el que está ayudando al hermano sano. En terapia van a dar cuenta de que hay un hermano privilegiado y otro descuidado, a través de la protección que otorga el privilegiado al descuidado se creará el juego. El seudoprivilegiado pasa a estar en desventaja, porque habiendo acaparado a uno de los padres se ha bloqueado en su propia evolución. Se dirá entonces que ni siquiera el hijo que quería acaparar a la madre lo hacía para sí sino por la madre y basado en la errada convicción de que la madre lo necesitaba. Pero para los terapeutas no resulta en absoluto que la madre lo necesite.

Una vez en terapia hay una actitud del terapeuta a no entrar a discutir los problemas entre los padres y el niño, porque eso lleva a puntuar el comportamiento de los padres como causante del problema del hijo y criticarlos, y puntuar el comportamiento del hijo como provocador y de esa forma calificarlo negativamente. Porque no hay adolescente que no piense que él está mal porque lo están sus padres y los padres de que el culpable es un cónyuge. No es labor de los hijos arreglar los problemas de los padres y el terapeuta ha de encargarse de romper ese lazo.

Llegará el momento en el que los terapeutas no puedan hacer una objeción por una cura misteriosa, y será cuando la familia quiera dejar la terapia y habrá que controlarlo recordando que hay que terminar las sesiones pactadas para asegurarse de que esa mejoría está latente, aunque podemos ofrecer un lapso de tiempo para autoconvencerlos de que realmente necesitan terminar la terapia. ¿Qué se hace con los ausentes?, porque hay veces que la gente abandona la terapia y vuelve y es solo un miembro y no deja continuar la terapia, porque hay algo muy importante de mi terapeuta y es que lo que se dice tiene que corresponderse con lo que se hace, de este modo los terapeutas acordaron una estrategia para los ausentes que consiste en incluir un 6º punto en la terapia, realizar la conclusión de la sesión en un domicilio familiar donde se pueda reunir a toda la familia, aunque esto tiene un efecto dramático cuando se entrega el informe y alguien parece no entenderlo.

Conforme se va avanzando se llega al punto de la descalificación, que como he nombrado en párrafos anteriores responde a la homeostasis de la familia, y que no se podía romper tan fácilmente, pues hay una manera, por ejemplo en una de las sesiones próxima a la finalización se da un texto que choque por completo con cualquier miembro de la familia y se aguarda a los comentarios, pues bien, en la mayoría de las ocasiones hacer darse cuenta alguno de los padres que la situación que han creado con sus hijos es muy similar a la que sus padres crearon en un día con ellos, es decir, que puede servir del flash back. En el texto que se les entregó en la sesión anterior, los terapeutas habían delimitado, por primera vez, a la familia nuclear y aludido al efectivo juego interaccional. Al hacerlo así, definimos, tan clara como arbitrariamente, la relación recíproca como relación de amor, metacomunicando acerca de las reglas del juego: quien define claramente la relación expone, a sí y al otro, a algo intolerable; marido y mujer se encuentran en el mismo plano, son partes complementarias del mismo juego, que aparece finalmente como el único, verdadero vencedor.

Es conveniente hablar de un fenómeno llamado parentificación que consiste en la asunción del rol de padre por parte de los hijos, o bien por necesidad o por responsabilidad. A veces también el hecho de desempeñar un rol se lleva a un punto no deseado donde se incluye lo erótico, y llegados aquí empezaría la intervención. Hasta aquí habría que dejar a un lado los sentimientos y demás pensamientos hasta que llegara el momento de hablar de ello.

La terapia ha de hacerse en grupo y es muy complicada por la cantidad de gestos y observaciones que hay que hacer, pero es la mejor forma para no parecer moralista.

Puesto que las intervenciones terapéuticas presentadas hasta aquí son de tipo activo-prescriptivo, también es necesario incluir una intervención aparentemente opuesta y, como se verá, paradójica: la declaración de impotencia de los terapeutas. Esto se da con familias que no cesan en la descalificación y que crean entre los terapeutas impotencia para resolver su caso, se fija la próxima entrevista con expectativas de que vaya mejor y se cobran los honorarios.

A veces cuando tienes un paciente difícil encabezonado en su problema, el cual el terapeuta no comparte lo más simple es prescribir que siga haciendo lo que hace hasta ahora hasta la próxima sesión, pues solo eso basta para que las familias hagan lo contrario y correcto.

Tenemos también cuando los terapeutas se prescriben la paradoja extrema de la que ya hablé antes, ‘’solo podéis ayudarme no siendo lo que sois’’, cuando un caso sesión tras sesión está estancado en lo mismo, por ejemplo, en que una madre no pare de lamentarse sobre la misma cosa, la posición final de los terapeutas es como darle la razón de lo que no para de proclamar, porque el desconcierto que causará en el paciente provocará el cambio.

La paradójica prescripción de la parentificación a los miembros de la última generación en determinado momento de la terapia familiar coincide con la abdicación, por los terapeutas, del rol paterno delegado en ellos por el sistema.

Cabe señalar que a veces que un adolescente asuma el rol de uno de los progenitores no es malo siempre y cuando le vaya a beneficiar en su vida, el problema radica cuando se producen una serie de incongruencias, por ejemplo, en la familia con transacción esquizofrénica y los mensajes están gobernados por la teoría del doble vínculo. El tratamiento aplicado a este tipo de familias se resumen en:

  1. Los terapeutas pasan a formar parte del núcleo familiar pero sin hacer ninguna objeción
  2. Cada progenitor intentará aliarse con un terapeuta para hacer que uno sea bueno o malo
  3. Se rechaza esta maniobra diciendo que el paciente es el verdadero líder porque se ha sacrificado por la familia
  4. Los progenitores se parentifican y se ponen en contra del hijo.
  5. El paciente cambia su rol de padre al de hijo y los síntomas desaparecen
  6. Los padres siguen haciendo coalición con el terapeuta para ocupar un lugar
  7. Los terapeutas no dicen nada y se hacen más parentificados
  8. El paciente abandona el rol y los síntomas en terapia y en casa
  9. Si la familia tiene más hijos acusa tener él los síntomas
  10. Los terapeutas elogian la conducta del hijo porque ve que los padres no quieren terminar la terapia
  11. Los padres se presentan con los hijos sin síntomas pero ellos con más rivalidad
  12. Los terapeutas dejan el rol de progenitores y prescriben a los miembros de última generación.

El hecho de que los terapeutas asumieran un rol dentro de la familia les hizo adoptar a ellos también otro y que consecuentemente la última generación lograr lo que siempre habían querido.

Autora: Rocío Molina.

Ir al artículo anterior “Paradoja y Contraparadoja 1/2” de la misma autora.

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