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23 Ago 2015

¿PUEDEN LOS HONGOS CONTROLAR LA VOLUNTAD DE SU ANFITRIÓN?

HONGOS Y ZOMBIS

Como dijimos en la entrada anterior (ver aquí la entrada), los hongos no son plantas. Al carecer de clorofila, deben obtener su energía a partir de otros organismos. Para ello, hay diversas estrategias: el saprofitismo (descomponer materia muerta), la simbiosis mutualista (colaborar con otros seres), la depredación o el parasitismo.

Un parásito es un ser vivo que se alimenta a costa de otro (el hospedante o anfitrión). Muchos hongos son parásitos de plantas, y provocan cuantiosos daños a los agricultores. A lo largo de milenios, han devastado los cultivos y matado de hambre a millones de seres humanos. Sin embargo, aquí nos centraremos en los que parasitan a animales y, en concreto, a ciertas especies que atacan y matan artrópodos (insectos, arácnidos…). Pero antes de ello, como si se tratara de un macabro ritual, convierten a sus víctimas en zombis.

Hongos y zombies

Hongos y Zombis: Fotografía de David P Hughes para ‘The Guardian’/science

Ophiocordyceps unilateralis es un hongo parásito de hormigas. Lo insólito del caso es que antes de acabar con sus vidas las convierte en autómatas sin voluntad, que dedican sus últimos instantes a facilitar la propagación de su asesino. En pocas palabras, Ophiocordyceps toma el control del cerebro del insecto y convierte a éste en una herramienta eficaz para infectar a más hormigas.

Una hormiga atacada por este hongo cambia su comportamiento drásticamente. De repente, le da por trepar por el tallo de una planta hasta alcanzar una posición adecuada. Entonces se aferra a ella con las mandíbulas y al cabo de poco tiempo muere. Una vez que el hongo ha devorado el cuerpo de la hormiga, dejando tan sólo el exoesqueleto, forma un cuerpo fructífero llamado estroma, que emerge del cadáver de un modo que nos recuerda al entrañable monstruo de la película Alien. En el estroma, a su vez, se disponen los peritecios, unas estructuras diminutas donde se producen las esporas microscópicas, que se dispersarán por el aire. Dado que la hormiga muerta se queda colgada de lo alto de una ramita o una hoja, la lluvia de esporas del hongo tendrá más probabilidades de infectar a otros hospedantes. Con un poco de suerte, Ophiocordyceps es capaz de aniquilar a todo un hormiguero.

Ophiocordyceps no es el único parásito que modifica el comportamiento de su anfitrión para facilitar su propagación. También hay virus (y éstos ni siquiera son seres vivos propiamente dichos) que lo hacen. Es de sobra conocido el de la rabia, por ejemplo, que impele a sus anfitriones a morder a otros, transmitiendo así la enfermedad con gran eficacia. Los virus del resfriado nos provocan estornudos, que hacen que contaminemos de virus todo cuanto nos rodea…

Por supuesto, cuando decimos que los parásitos «toman el control» de sus hospedantes o los «convierten en zombis» no les estamos atribuyendo un comportamiento perverso. Ophiocordyceps no maquina ni es cruel; para eso haría falta tener cerebro y conciencia. Por muy espectaculares que nos parezcan estos casos, pueden explicarse mediante la evolución por selección natural.

Supongamos que existe un parásito que ataca a animales, como es el caso de este hongo. Sus hifas invaden el cuerpo de su víctima, devorándolo sin prisa pero sin pausa. Tarde o temprano llegará al sistema nervioso. Y eso afectará, entre otras cosas, al movimiento del bicho.

Entre los parásitos, como en cualquier ser vivo, hay diversidad genética. Unos hongos crecerán más rápidos, otros más lentos, unos harán que la hormiga se paralice, otros que se ponga a correr desesperada y huya de sus compañeras… Y puede que algunos, por azar, hagan que la hormiga muera en una posición que mejore la dispersión de las esporas fúngicas. Variación al azar, insistimos. Bien, este último caso aumentaría las posibilidades de dejar más descendencia.

Si disponemos de mucho, pero que mucho tiempo (y la vida en la Tierra surgió hace 3800 millones de años, si no antes), el medio irá seleccionando generación tras generación a los individuos con genomas que maximicen su éxito reproductor. En el caso de Ophiocordyceps, a aquellos individuos que conduzcan a las hormigas a una posición ventajosa. ¿El resultado? Comportamientos que despiertan en nosotros sentimientos de maravilla, asombro, miedo o asco, pero que son, a fin de cuentas, adaptaciones al medio. No hay diseño (lo sentimos, creacionistas) ni propósito en la evolución; sólo adaptaciones.

De todos modos, los hongos del género Ophiocordyceps también tienen su lado útil, y suponen una fuente de riqueza para algunos seres humanos. Por ejemplo, O. sinensis es utilizado en la farmacopea tradicional china y otras especies se emplean en la obtención de antibióticos.

Asimismo, un hongo capaz de cambiar la conducta de sus víctimas ha llamado la atención de algunos artistas y escritores, e incluso ha servido de inspiración en la industria de los videojuegos. Así, los Cordyceps (algunas especies de Ophiocordyceps se denominaban así antes) son protagonistas estelares de uno de los mejores productos aparecidos para la consola PS3: The Last of Us. Si te interesa, amigo internauta, puedes encontrar más información al respecto en este blog.

Este juego especula con la posibilidad de que un Cordyceps mute y afecte a los seres humanos. Al igual que con las hormigas, modificaría nuestro comportamiento, despojándonos de nuestra voluntad y convirtiéndonos poco menos que en perros rabiosos cuyo único propósito es transmitir la enfermedad a los demás. Es el perfecto apocalipsis zombi, pero en este caso con una base científica sólida, pues el hongo se limita a hacernos lo mismo que a los insectos. Para él no somos otra cosa que una fuente de alimento y dispersión de las esporas. Desengañémonos; por mucho que nos creamos los reyes de la Creación, para los hongos sólo somos cachos de carne con patas. Si no nos devoran es porque el cuerpo humano tiene sus defensas, y cuando éstas fallan… Game over.

Finalmente, una nota curiosa sobre Ophiocordyceps. Este hongo es un eficaz parásito de hormigas, sumamente agresivo. ¿Por qué no las extermina, entonces? Pues bien, hay otro hongo hiperparásito que ataca a Ophiocordyceps, castrándolo. Menos del 7% de los órganos reproductores llegan a producir esporas, por lo que el daño sobre los hormigueros se reduce bastante.

Los hongos nunca dejarán de sorprendernos…

Accede aquí a la anterior entrada del autor sobre… «nuestros parientes los hongos»

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