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20 abr 2016

Salmos al viento. José Agustín Goytisolo

Las bofetadas satíricas de José Agustín Goytisolo

Sentencia: José Agustín Goytisolo escribe mucho más que “Palabras para Julia”, su poema más archiconocido, en parte porque fue musicado por numerosos cantautores y bandas desde Paco Ibáñez hasta Los Suaves.

 José Agustín Goytisolo

José Agustín Goytisolo

Salmos al viento, el poemario más “agresivo”, corrosivo y punzante del autor, es el segundo poemario de Años decisivos, la antología que elabora el propio poeta y que está formada por sus libros anteriores El retorno (1955), con el que gana el premio Adonais, Salmos al viento (1959), premio Boscán, y Claridad (1960). La primera parte contiene una dedicatoria a Julia Gay, su madre, víctima “inútil” de un bombardeo por parte de la aviación fascista alemana en pleno centro barcelonés (delante del Teatre Coliseum) y la cita de T.S. Eliot, además de los veintiún poemas. La segunda parte mantiene los doce poemas satíricos precedidos de la cita Quevedo “verdades diré en camisa” de la primera edición y la tercera parte (subdivididos en El ayer, En el camino, Hacia la vida, títulos de reminiscencias machadianas) mantiene los treinta y nueve poemas de la primera edición de Valencia de 1960.

Años decisivos porque suponen un punto de inflexión en las vidas de los jóvenes poetas cuya infancia y adolescencia transcurrían en esos tiempos; de los poetas, pero también de la mayoría vencida. En el caso del autor, supone la pérdida de su madre, el dolor, la orfandad, la sensación de abandono y de no ser querido por su padre, una infancia dramática y unos traumas constantes en los hermanos Goytisolo y en su padre.  El padre llega a cambiarle el nombre a su criada que se llamaba Julia, como su esposa, y prohíbe mentar a la madre. A pesar de este episodio en la vida familiar de los Goytisolo, todos logran una brillante carrera literaria: Juan Goytisolo, novelista, José Agustín, poeta, y Luis, también novelista. Son  los años de formación y de una situación socio-política complicada (dictadura, tiempo de la “Victoria”, de los “Vencedores”, de los heroicos elegidos, de las dos Españas, de la miseria de los pobres, de la resignación y el miedo y de otras muchas historias conocidas de un pasado que no ha hecho justicia aún a sus víctimas) que lo rodea durante tal periodo. Un título más que significativo.

Con los recursos de la ironía y la sátira, José Agustín Goytisolo demuestra que en la poesía de posguerra, además de denuncia, crítica y compromiso social (en el caso de los poetas que viven en “el reino de este mundo” y no permanecen ajenos a toda la realidad de los “vencidos”, como los poetas oficiales, afines al Régimen, residiendo en un locus amoenus rescatado de Garcilaso, en el paraíso celestial de los que iban a limpiar el país de pecadores), hay humor, grandes carcajadas de risa en esta poesía. Al tratar temas serios con ironía y humor, el poeta desdramatiza la gravedad de la situación y se aleja de ese tono combativo de la poesía social. Estos recursos, aunque participan del mismo objetivo que el de la poesía social (la denuncia), pueden llegar a mofarse del formulismo retórico y del lenguaje rutinario de la poesía social, y de la poesía garcilasista.

Goytisolo hace poesía para la mayoría, para los que no tienen voz y viven en la sombra, pero sin el lenguaje estandarizado de proclama. Ante el tremendismo y la sobreactuación se opta por la ironía y la sátira como recursos más ingeniosos, más inteligentes, pues requieren de la complicidad y coparticipación del lector, sin él, el poema no se completa, el poema no es poema, porque su meta es llegar a “la inmensa mayoría”. La ironía y la sátira sustituyen el grito, la imprecación y la exclamación. La agresividad se muestra de otro modo: en el tono conversacional del que está “tranquilamente hablando”, del que no se altera pero arroja dardos envenados, el que dice dardos, dice poemas mordaces, ácidos, necesarios, exigidos por la situación.

Y con estos recursos pone a prueba la inteligencia del censor. Este o lo tacha todo y niega la publicación de los poemas o no tacha nada, porque nada está dicho explícitamente. El autor juega con esta característica de rehuir la exactitud de las palabras.

Conviene hacer dos aclaraciones. La sátira es la figura literaria utilizada para criticar el talante y las costumbres de determinadas personas y grupos sociales, clases adictas al franquismo y sus hábitos de vida, la doble moral de los maestros católicos (predicación de valores cristianos, evangélicos por un lado, abusos, violencia, casos de pederastia, por otro lado), de los homosexuales que apoyan al Régimen para no ser perseguidos, mientras que por detrás gritan “democracia, democracia”; de las niñas bien, provenientes de familias bien asentadas, que permanecen encerradas en internados durante el curso escolar y se van poniendo durante el invierno “frías, mojadas y feas” las pobrecitas, mientras en el verano se divierten y tal vez, alguna “cinta roja”, alguna pierde su virginidad,  de los magnates, verdaderas personas “libres”, etc.

En cuanto a la ironía, consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice, y más que triste, en Salmos al viento no tiene matices de tristeza, sino de humor. A la apreciación personal del lector queda determinar si en algunos reina el sarcasmo, esto es, si el poeta ha llegado a cotas tan altas de amargura y crueldad que la ironía se trueca en sarcasmo. Aunque más que de forma amarga, los Salmos destacan por su cierta crueldad, que es comprensible en la realidad en que se insertan los poemas.

Conviene recordar al respecto las palabras de otro “compañero de viaje” de esos años cincuenta, Ángel Valente, quien destaca la utilidad de este recurso en una época en que era difícil que circularan libros que eran “dinamita” para el Régimen:

«Han sido bastantes los críticos que relacionaron mi poesía con la ironía —otro rasgo generacional. El uso de la ironía fue, en principio, otro imperativo de la situación. Como es sobradamente sabido, los textos irónicos exigen que el lector invierta el recto significado de las palabras; operación mental que, aunque sencilla, desbordaba de hecho la capacidad intelectiva de muchos censores, primera ventaja de un procedimiento que implica además la relación y consiguiente comparación evaluativa de dos puntos de vista opuestos. Así, el procedimiento resultaba doblemente útil: permitía burlar las normas vigentes en materia de censura, y era de una gran eficacia crítica» (cf. su propia «Introducción» a su auto-antología Poemas [Madrid: Cátedra, 1980]).

No queda duda de que Ángel Valente no sobrevalora la inteligencia de los censores y de que la ironía es un subterfugio para criticar a los burgueses afines al régimen, a la oligarquía plutócrata, a los burócratas, a la Iglesia, a la clase ultramontana, rancia y castiza, a los pilares fundamentales del Estado franquista: la Unidad, el Orden y la Familia.

Goytisolo participa de los valores sociales e ideológicos de Gabriel Celaya, José Hierro o Blas de Otero, pero el lenguaje, el tono, el regreso a la intimidad, al destilado de las experiencias vividas que comparten con la colectividad, a la exploración interior y moral cambian.  Se puede decir que nuestro autor practica poesía social aunque nada suena a poesía social ya. Los recursos literarios puestos al servicio de los mecanismos de la ironía y la sátira son numerosísimos: superposición de dos niveles del lenguaje: el lenguaje retórico de la tradición bíblica y el registro coloquial, para parodiar; la intertextualidad para dar entrada a personajes y objetos que quiebran las expectativas del lector; las referencias bíblicas, bien textuales, bien distorsionadas, que parodian todo aquello que se enseñaba en las iglesias, conventos, escuelas, todo lo predicado por curas y fieles al régimen de Franco; la traslación del orden religioso propio de los salmos al orden político-social; el cambio de estilo directo a indirecto constante; el uso paródico de la tradición bíblica; la deformación y distorsión de personajes y lugares; empleo de distintos registros, tonos, uso de coloquialismos, vulgarismos, expresiones rituales y fórmulas administrativas; el uso de exclamaciones de júbilo con fin encomiástico para cerrar el poema y muestras laudatorias exageradas (hipérboles); el uso de la repetición de sinónimos por incremento, con varios grados de énfasis; de la enumeración y gradación ascendente; del razonamiento por ampliación; de la introducción de términos inesperados, sorprendentes en la enumeración como contraste; las animalizaciones y cosificaciones a través de verbos o adjetivos que remiten a Valle-Inclán; las burlas indirectas; la adjetivación antepuesta; los eufemismos; connotaciones de un término distante de la atmósfera del poema; personajes y objetos que contrastan con el título; las citas que encabezan los poemas que muestran el  desacuerdo entre el referente real y lo expresado en el poema y un larguísimo etcétera.

Veamos esta crítica a los poetas garcilasistas que se olvidan de la realidad y practican una poesía muerta, fría, que nada tiene que ver con las exigencias del momento histórico en el poema “El café” de Claridad:

Allí estabais, poetas,

sentados largamente,

hablando, hablando.

Mal sitio aquel para la poesía,

pobre muchacha, pálida

entre los veladores, malo,

mal sitio.

Mas vosotros,

dale que dale con la rosa,

con el amor, con las invocaciones

a una divinidad manoseada y hueca.

Y la poesía, celestiales,

pobres histriones, ratas del cortejo,

se iba muriendo,

triste y sola,

se iba muriendo.

Estas “deformaciones de la vida para provocar una auténtica visión de esta” como definió el propio autor sus poemas de Salmos al viento empiezan con “Los celestiales”, una sátira de Sátira de los poetas que se ocultan en los cafés y en Garcilaso para no ver lo que sucede fuera y le cantan a Dios o a cualquier otra cosa material o insustancial. Es una crítica a los poetas representantes de lo que Dámaso Alonso llamó poesía arraigada (la poesía neoclásica), representada por un grupo de autores que ofrecen una visión idealizada y entusiasta del mundo. La poesía no refleja la verdadera situación de España tras la guerra, sino que busca la evasión refugiándose en temas como el amor, la belleza de Dios y la creación. Defienden, en definitiva, los valores del bando franquista.

Después y por encima de la pared caída

de los vidrios caídos de la puerta arrasada
cuando se alejó el eco de las detonaciones
y el humo y sus olores abandonaron la ciudad
después cuando el orgullo se refugió en las cuevas
mordiéndose los puños para no decir nada
arriba en las paseos en las calles con ruina
que el sol acariciaba con sus manos de amigo
asomaron los poetas gente de orden por supuesto.

       Es la hora dijeron de cantar los asuntos
maravillosamente insustanciales es decir
el momento de olvidarnos de todo lo ocurrido
y componer hermosos versos vacíos sí pero sonoros
melodiosos como el laúd
que adormezcan que transfiguren
que apacigüen los ánimos ¡qué barbaridad¡

       Ante tan sabia solución
se reunieron los poetas y en la asamblea
de un café a votación sin más preámbulo
fue Garcilaso desenterrado llevado en andas paseado
como reliquia por las aldeas y revistas
y entronizado en la capital. El verso melodioso
la palabra feliz todos los restos
fueron comida suculenta festín de la comunidad.

       Y el viento fue condecorado y se habló
de marineros de lluvia de azahares
y una vez más la soledad y el campo como antaño
y el cauce tembloroso de los ríos
y todas las grandes maravillas
fueron en suma convocadas.

       Esto duró algún tiempo hasta que poco
a poco las reservas se fueron agotando.
Los poetas rendidos de cansancio se dedicaron
a lanzarse sonetos mutuamente
de mesa a mesa en el café. Y un día
entre el fragor de los poemas alguien dijo: Escuchad
fuera las cosas no han cambiado nosotros
hemos hecho una meritoria labor pero no basta.
Los trinos y el aroma de nuestras elegías
no han calmado las iras el azote de Dios.

        De las mesas creció un murmullo
rumoroso como el océano y los poetas exclamaron:
Es cierto es cierto olvidamos a Dios somos
ciegos mortales perros heridos por su fuerza
por su justicia cantémosle ya.

       Y así el buen Dios sustituyó
al viejo padre Garcilaso y fue llamado
dulce tirano amigo mesías
lejanísimo sátrapa fiel amante guerrillero
gran parido asidero de mi sangre y los Oh Tú
y los Señor Señor se elevaron altísimos empujados
por los golpes de pecho en el papel
por el dolor de tantos corazones valientes.

       Y así perduran en la actualidad.

       Esta es la historia caballeros
de los poetas celestiales historia clara
y verdadera y cuyo ejemplo no han seguido
los poetas locos que perdidos
en el tumulto callejero cantan al hombre
satirizan o aman el reino de los hombres
tan pasajero tan falaz y en su locura
lanzan gritos pidiendo paz pidiendo patria
pidiendo aire verdadero. (Referencia a Blas de Otero, Pido la paz y la palabra, 1955)

       Escribo
en defensa del reino
del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. (Pido la paz y la palabra)

O la opinión del autor sobre la “educación” imperante, los abusos físicos de los maestros, los castigos, la violencia, y la referencia a la “otra vida” tan propia del lenguaje eclesiástico que alcanza un muchacho en “Mis Maestros” de Claridad:

Aquellos hombres

predicaban miedo,

miedo convulso

en la lección diaria,

oscuro miedo

por los corredores,

entre esperma y latín,

en la espantosa composición exacta

de lugar: un niño

solo, mentido

y solo, amortajado

vivo, buceando

en la charca,

arriba, arriba,

sin aire, casi,

arriba, más aún,

hasta alcanzar

la orilla de la vida

“Apología del libre” es la sátira de un magnate. El libre es un banquero explotador al que se eleva a nivel de dios como un elegido de la divinidad, pero que no entrará en el reino de los cielos. Este salmo encomiástico esconde un hiperbólico sarcasmo a través de la parodia y las frases hechas que acaban reduciendo al banquero a unas “posaderas recias y bursátiles”.

“…es más fácil que un camello…”
……………………………………..(Mat., 19, 24)

¡Grande y poderoso eres, oh prócer,
oh singular prestigio, nuevo Creso!
A tu presencia tiemblan las paredes,
los empleados, el papel, los números.

Nadie como tú, maravilloso germen
de la opulencia y de la gran industria,
con tu cartera, con tu hermosa calva
rodeada de planetas y aureolas,
con el pulcro chaleco abotonado
sobre tu inmenso abdomen, nadie,
nadie como tú, flor nueva,
tulipán de oro.

De entre todos te alzaste, como un monte
de lava sobre el páramo, en asombro
de chispas y clamor, y ahora,
dominas desde lo alto de tus cumbres
las diminutas vidas que te observan.

Es al amor, al creador de toda
la belleza que existe, al supremo maestro,
al que hay que preguntar qué sucedió,
qué ventura, qué grande maravilla
apercibió en tu frente, para darte
con su soplo en mitad de la pechera,
y hacerte el libre, el rey, el financiero.
A ti solo, entre miles,
Entre miles y miles y millones.

Porque la libertad está en tu firma,
porque tu reino sí que es de este mundo,
porque nada te puede ser negado, eres
el prototipo, el hombre insigne
para el que se han dictado las leyes y los cánones,
la caridad y el premio.
……………….Elegido, elegido,
mantén tu fortaleza, no des oído
a los lamentos y a las maldiciones,
sigue, triunfa en tu reino, pues que el mundo
se hizo, sin duda, para ser asiento
de posaderas recias y bursátiles, como las tienes tú.

En “El señalado” la sátira es de un homosexual hipócrita que hace ostentación pública de “unidad, familia, orden” y que triunfa por ello en el aparato represor franquista, ya que, de lo contrario hubiera sido perseguido. Este hombre que defiende el conservadurismo y hace ostentación pública de sus ideales, defendiendo los tópicos de “unidad”, “familia” y “orden” es, sin embargo, un homosexual represor e hipócrita en un Estado católico-franquista del que es firme partidario.

José Agustín Goytisolo

El señalado. José Agustín Goytisolo

El señalado. José Agustín Goytisolo

El señalado. José Agustín Goytisolo

“Autobiografía” es la sátira de los niños de la guerra en que aparecen los típicos consejos patriarcalistas y las descalificaciones a las que se ve sometido un niño, que se nos da a entender que es él mismo, porque no quiere ser como le dicen o como conviene.

Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste
y mi padre decía
mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío
no sirves para nada.

    Después me fui al colegio
con pan y con adioses
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro
graznó: pequeño niño
no sirves para nada.

    Vino luego la guerra
la muerte -yo la vi-
y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron
yo triste seguí oyendo:
no sirves para nada.

     Y cuando me pusieron
los pantalones largos
la tristeza en seguida
cambió de pantalones.
Mis amigos dijeron:
no sirves para nada.

    En la calle en las aulas
odiando y aprendiendo
la injusticia y sus leyes
me perseguía siempre
la triste cantinela:
no sirves para nada.

    De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día
la muchacha que amo
me dijo y era alegre:
no sirves para nada.

     Ahora vivo con ella
voy limpio y bien peinado.
Tenemos una niña
a la que a veces digo
también con alegría:
no sirves para nada.

“El hijo pródigo” es la sátira del hijo de una familia burguesa que, aunque en su adolescencia y primera juventud se hubiera descarriado de los designios de su clase, finalmente volverá al redil. Es la trayectoria desviada temporalmente, por supuesto, del cachorro depravado de la gente bien. Es una parodia de la bíblica Parábola del hijo pródigo.

El hijo pródigo. José Agustín Goytisolo

El hijo pródigo. José Agustín Goytisolo

El hijo pródigo. José Agustín Goytisolo

El hijo pródigo. José Agustín Goytisolo

El último poema de Salmos al viento trata sobre la desilusión de un muchacho que va a hacer la guerra creyendo en valores como la patria, que tenía sueños de mariscal y que acaba picando piedra en una carretera, mecanizado, robotizado, en “Tríptico del soldadito”.

“Cuando vayas a hacer la guerra

a los enemigos, al ver los caballos

y los carros, no los temerás” (Deut. 20, I).

                                                                                                    I

Dentro de poco tiempo

Doblarán las campanas. Marcharemos

En filas apretadas, paso a paso,

Con la cabeza hueca. Llevaremos

Lindos gorros azules, y la gente

Dirá, cuando nos vea: ¡Qué bonito,

Ya vienen los soldados!

Porque será bonito

Caminar y cantar, y ser herido,

Sepultado en la tierra, entre explosiones,

Convertido, de pronto,

En una espiga, en una flor, en nada.

Sí, será

Muy bonito. Nunca

Tendremos miedo. Iremos

A la guerra, y venceremos.

Por algo nos lo dicen cada día.

                                                                                             II

Y el soldadito –uno, dos- se fue.

La guerra estaba lejos, pero

En su ánimo no pesaban las distancias.

Completamente decidido

A morir o a vencer,

Acariciaba, por la noche, insomne,

Su pequeño bastón de mariscal.

Adelante, adelante. La patria, la cultura,

La civilización, todo detrás de ti,

Empujándote. Y así

Día tras día, semana

Tras semana, siempre,

Siempre adelante.

¡Oh muerte, retrocede

A tu oscuro dominio!

Para alcanzar el triunfo,

El soldadito llega, con los suyos,

Y ataca al enemigo

-según las instrucciones recibidas-

Con gorro y escopeta.

                                                                                                   III

Todo pasó. Fue breve

y no se pudo remediar. Dijeron

que hiciésemos dos filas. Nos llevaron,

caminando otra vez, a otro lugar.

No teníamos gorros. No cantábamos

nunca. Caminar, caminar,

pero esta vez sin patria, sin cultura,

todas aquellas cosas que decían.

Ahora estamos aquí. Tres comidas

al día. Hacemos puentes

para los que nos mandan. No entendemos

nada de lo que ocurre. Perro dicen,

tenéis que construir, y construimos.

Para concluir, cabe mencionar que estos poemas satíricos están precedidos de citas bíblicas (del Antiguo Testamento como Eclesiastés, los Salmos, el Libro de Ezequiel, el Libro de la Sabiduría, el Deuteronomio y los Proverbios y del Nuevo Testamento como San Mateo, San Lucas, y la Epístola de los Corintios de San Pablo) con función paródica que contrastan con los poemas. Este retablo de diferentes personajes, este cuadro de costumbres sobre los tipos sociales de la posguerra llevan el añadido de la crítica social provocada por la ironía y la sátira. Unos cánticos que originariamente eran de alabanza (en la Biblia), es decir, laudatorios, se convierten en paródicos, y además, se los lleva el viento, son fugaces, efímeros, huidizos, nada trascendentales, no eternos. Son cantos laudatorios vacuos, pues se elogia-parodia a poetas garcilasistas, burócratas, homosexuales con doble moral, dueñas de burdeles…

AUTOR: ALEXANDRA DINU

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