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gorrión común

ALARMANTE DISMINUCIÓN DEL GORRIÓN COMÚN.


ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA ALARMANTE DISMINUCIÓN DEL GORRIÓN COMÚN –PASSER DOMESTICUS– EN LOS AMBIENTES URBANOS DE EUROPA Y NORTE DE ÁFRICA.

Polluelo de gorrión común

De la mano de SEO/BirdLife y de otras organizaciones especializadas en el
estudio, conservación y protección de la ornitofauna, buena parte de los medios de comunicación se están haciendo eco estos días de la disminución de las poblaciones de una de las aves que mejor se adaptan a los ambientes urbanos: el gorrión común. La relación entre este pequeño paseriforme y el hombre es milenaria; de hecho su nombre específico «domesticus» indica esa estrecha relación entre este pequeño pajarillo de carácter principalmente sedentario y su querencia con los hábitats poblados por humanos, tanto como para poder afirmar que cuando abandonamos un pueblo, nuestros pequeños acompañantes alados también desaparecen del mismo.


En el ámbito de estudio de los seres vivos, la ornitología o análisis y
observación de las aves es realmente apasionante, porque éstas son de las
pocas especies de la fauna silvestre que pueden observarse en libertad en casi todos los ecosistemas que también habitamos los humanos. Pero su principal valor para el estudio de la ecología, como ciencia, es su capacidad de vuelo, que les permite trasladarse a multitud de hábitats diferentes y alcanzar lugares muy lejanos en poco tiempo. Esta característica común a todas las aves voladoras, así como su dependencia de recursos tróficos determinados y de la existencia o no de los mismos, las convierte en auténticos «BIOINDICADORES» que nos permiten evaluar cambios, o trasformaciones del entorno ante la evolución de sus poblaciones en diferentes hábitats naturales o antrópicos.


La desaparición o disminución de sus poblaciones no es un fenómeno nuevo, pero sí reciente. Algunos expertos calculan que durante las últimas tres décadas han desaparecido más de treinta millones de estos pájaros; que en grandes ciudades europeas como Berlín, Praga, París, Madrid, Barcelona o Londres sus poblaciones hayan disminuido de forma drástica o, en algunos casos, desaparecido. Esa desaparición o disminución es común a la mayor parte de las ciudades donde hace no tanto se constituían en la especie silvestre más frecuente, aunque algunos afirman que también se está produciendo este fenómeno en ámbitos rurales.

Gorrión común: pareja durante la cópula.


Aunque desconozco las hipótesis y constructos hipotéticos, material y método utilizados en estos estudios, así como las herramientas estadísticas empleadas para llegar a estas conclusiones, me consta que es un hecho que he podido comprobar, personalmente, durante los últimos años, en algunas ciudades y pueblos del Sudeste Ibérico como puede ser Almería y en gran parte del resto de Andalucía.


En realidad, no dejaría de ser una impresión subjetiva; aunque, quien la aporta, lleva cuarenta años censando aves de todo tipo, y en otro tipo de medios naturales y alejados relativamente de zonas urbanas. En las conclusiones de estos estudios suele afirmarse, con rotundidad, que existen algunas variables que están determinando esta desaparición en zonas urbanas. Entre las más habituales destacan:

  • Aumento de insecticidas tóxicos.
  • Niveles de contaminación sonora en aumento.
  • Contaminación del aire.
  • Disminución de zonas verdes.
  • Disminución de las zonas donde puedan construir sus nidos, en cuanto a la arquitectura de los nuevos edificios.

Otros hablan con cierta ligereza de la irrupción de especies invasoras, cambio climático y una larga exposición de supuestos parámetros de la calidad ambiental.

Con todo el profundo respeto que me merecen estos resultados, cuando
estamos hablando de una alarmante disminución de las poblaciones de este y otros paseriformes «urbanícolas», en mi humilde opinión, ninguna de las variables que se cotejan ha aumentado o disminuido tanto en las tres últimas décadas como para justificar tal declive poblacional. Las ciudades y pueblos han crecido, pero no sé si alguien de los que redactan estos sesudos informes conoce directamente lo que es un nido de gorrión en el hueco de una la persiana, en el más mínimo resalte de un edificio o en los millones de oquedades capaces de albergar un nido de estos pájaros, adaptados a casi todo. Tampoco conozco si, en alguna ocasión, han podido observar la
construcción de sus nidos en un árbol fuera de la ciudad que, para su tamaño son destartalados y desproporcionados.


Sin embargo, son escasos los estudios sobre otro tipo de variables a cotejar
como el aumento exponencial de otro tipo de contaminación invisible: la de las microondas producidas por las antenas de telefonía móvil, que se han desarrollado exponencialmente a la par que la disminución o desaparición de pequeñas aves en zonas urbanas. Y si bien el paralelismo de estos dos hechos no se constituyen en resultado en sí mismo, es un elemento a estudiar de forma profunda y bajo el método científico que se echa de menos en algunos estudios previos.


Lo que comento en el último párrafo, cuando se afirma que algunos de los
motivos de la desaparición de estos pequeños compañeros de viaje, pueden
influir a las propias comunidades humanas, al buen lector no le sorprenderá que sugerir que la contaminación electromagnética en aumento en nuestros entornos urbanos pueda ser el origen de estas alteraciones fenológicas y ecológicas, suponga un gran rechazo por parte de toda una cohorte de multinacionales electrónicas que descalifican estos estudios sin, ni siquiera leerlos. No vayamos a concluir que quizá también sean lesivas para la salud humana…


En el mundo del «Wifi Free», donde las antenas de telefonía móvil son cada vez más, donde cada uno de nosotros posee un celular que emite y trasmite en unas determinadas bandas de microondas; donde en cada hogar existe un receptor y emisor de las mismas; donde existen medidas ante niveles máximos de radiación, pero pocos estudios epidemiológicos, afirmar lo que estoy sugiriendo suele acabar en la descalificación personal, sin ni siquiera comenzar a exponerlos, porque no es «políticamente correcto» y porque parece que fuera en contra de esta «Era Electrónica e Informática» donde vivimos dentro del casi recién estrenado Antropoceno. Para el profano es muy complejo entender estos términos. Cuando nos hablan de tecnología 3G, 4G o la mueva apuesta por 5G, lo único que sabemos es que nuestros celulares, posiblemente, vayan más rápidos.


Cuando estamos en un espacio con señal WiFi, además de la de nuestros
hogares donde ponemos un amplificador de señal para que llegue hasta la
última habitación, lo que desconocemos la mayoría es que estamos ante un
batido de microondas permanente, que según nos indican entran dentro de
unos rangos de radiación permitida e «inocua». En realidad, los seres vivos nos «relacionamos eléctricamente» con nuestro entorno a través de un intercambio casi incesante de iones. Pero esos niveles de radiación por microondas son tangibles, se pueden medir con meridiana exactitud. Lo que desconocemos es hasta qué punto en mamíferos de nuestro tamaño esas fuentes de radiación permanente pueden o no influir, al contrario de algunos vertebrados pequeños como ciertos paseriformes donde sí existen estudios; en el de otros microorganismos vivos de menor tamaño existen bastantes más.


Lo cierto es que existen pocos estudios al respecto que puedan consultarse en su totalidad y libremente; pero sí algunos en el ámbito de las aves. Es más, en algunos de los que he leído hablan de «estrés electrónico» en sus funciones neuronales. Al final siempre el estrés tiene la culpa de todos los males del «mundo mundial», aunque pocos sean capaces de explicarnos científicamente de qué se trata y a qué multitud de factores se puede deber.


A modo de conclusión. Durante los últimos treinta años no he observado –
según registros oficiales- aumentos significativos en la contaminación
atmosférica, niveles de ruido o de fitosanitarios en nuestras ciudades, capaces por si solos de generar la disminución o desaparición de diferentes especies de paseriformes. Sin embargo, el aumento exponecial de microondas – especialmente de telefonía móvil- se constituye en un fenómeno novedoso y sin parangón, paralelo a lo que se está exponiendo.


Por lo tanto, entiendo que se deben de fomentar los estudios científicos y
epidemiológicos, basados en el análisis de diferentes variables actuales como es la radiación por microondas y su posible interactuación con organismos vivos, incluyendo a los humanos y demás vertebrados terrestres.


Os dejo como enlace con un interesante estudio titulado «Posibles efectos de las ondas electromagnéticas utilizadas en la telefonía inalámbrica sobre los seres vivos», publicado en Ardeola: revista ibe?rica de ornitologi?a 51(2):477-490 • June 2004. Por Alfonso Balmori. https://bit.ly/2I9cGTB

Autor: JOSÉ JAVIER MATAMALA

Nota de Revisión. Se recomienda la lectura de los siguientes artículos de la profesora del Dpto. de Teoría de la Señal y Comunicaciones en el grado en Ingeniería de las Tecnologías de la Telecomunicación de la Universidad de Sevilla, Susana Hornillo, quien también es colaboradora de este blog.

Efectos de los campos electromagnéticos sobre la salud. https://bit.ly/2UpLkzm

Campos electromagnéticos: qué son y cómo nos afectan. https://bit.ly/2GamQS4

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