ENTRADAS

12 abr 2018

TEST DE INTELIGENCIA: DIME TU IQ Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

La inteligencia es un término que a día de hoy cuenta con múltiples definiciones, casi tantas como autores se han atrevido a estudiarla y medirla. En la actualidad la definición más apoyada de inteligencia es la realizada por Howard Gardner, el cuál la define como un conjunto de habilidades específicas que utilizamos para mantenernos en nuestros respectivos ambientes. Esta teoría se conoce como inteligencias múltiples, y en ella podemos encontrar la inteligencia musical, la corporal- cinestésica, lingüística, lógico matemática y espacial entre otras.

Test de inteligencia

La inteligencia, aun siendo difícil de definir a lo largo de la historia, es un término que utilizamos con frecuencia para definir a algunas personas, o incluso a calificarlas como escasas de ella. Pero, ¿qué es la inteligencia realmente? Podríamos pensar que aquellos que obtienen buenos resultados en un examen la poseen, o quizá son más inteligentes las personas que aún teniendo el mismo resultado que su compañero en un examen, ha tardado la mitad de tiempo en estudiarlo. También podría ser más inteligente todavía otro compañero que sin abrir un libro ha obtenido una alta calificación.

Saliendo del campo académico, inteligente puede ser quien es capaz de resolver una serie de crucigramas o que sabe orientarse a la perfección por las calles de su cuidad…

Como vemos, pueden existir tantas concepciones de inteligencia como personas habitan en este mundo. Entonces, ¿cómo medirla? Siguiendo los ejemplos antes mencionados, podríamos medir la inteligencia a través del número de exámenes aprobados, el tiempo de estudio invertido para prepararlos, los crucigramas resueltos o la cantidad de calles que se conozcan. El problema es que esta clase de medidas no es un método demasiado científico y objetivo, por decirlo de alguna manera.

Estos problemas de medida no parecieron importar mucho a principios del siglo pasado cuando diversos profesionales enamorados de los números y el evolucionismo se empeñaron en medir las facultades psicológicas humanas. Francis Galton fue uno de los primeros en relacionar una serie de medidas fisiológicas con cualidades psicológicas. Tal fue su obsesión en medir y clasificar que incluso se cuenta que ponía sensores en las sillas de su salón para medir el movimiento corporal y sacar curiosas conclusiones. Pero fue más allá tratando de hacer diferenciación entre las personas con una genética digna de ser heredada y aquellas que, por el contrario, sería conveniente que no se reprodujesen. Fue entonces cuando nació el térmico “eugenesia”, que consiste en la selección de personas con “buen material genético” para el perfeccionamiento de la raza humana, pero no solo por sus cualidades físicas. Galton pensaba que todas las características que formaban a una persona se encontraba en sus genes, y por tanto se heredaban.

Esta corriente coincidía por aquella época con un acusado racismo y machismo, razón por la que se empezó a emplear este tipo de mediciones para justificar la supremacía blanca y el acercamiento de la raza negra con los ancestros primitivos, así como las diferencias entre hombres y mujeres.

Se establecieron por tanto los pilares “científicos” de la diferenciación entre seres humanos válidos y no válidos. Poco tiempo después, Alfred Binet creó una escala a través de la cuál se podía saber el nivel de inteligencia que poseía una sujeto. Así nació el CI o cociente intelectual. La creación de esta escala no fue nada fácil, sobretodo para su autor, el cual tuvo que falsificar ciertos resultados para poder validarla. En 1904,  el ministro de educación le encargó la tarea de crear una escala para poder determinar qué niños necesitaban una educación especial. Fue entonces cuando Binet creó varias tareas, a través de las cuales se determinaba la edad mental de los sujetos. Como era de esperar, el uso de estas tareas y sus resultados tuvieron un mal uso, dando lugar a las etiquetas sociales y la estigmatización. ¿Cómo iban a ayudar a un niño si le colgaban el rótulo de incapacidad biológicamente determinada?

A raíz de Binet, otros profesionales empezaron a confeccionar sus propias tareas para calcular el CI. Estos test estaban totalmente sesgados y contenían una gran carga cultural.

Fue con R.M. Yerkes, en 1915 cuando los test mentales cumplieron su mayoría de edad, con los test mentales del ejército. Yerkes pensó que la fuente más prometedora de datos numéricos abundantes y objetivos se encontraba en el terreno apenas explorado de los test mentales. Si la psicología lograba introducir la cuestión de la potencialidad humana dentro del ámbito de la ciencia sería considerada una verdadera ciencia, digna de recibir apoyo financiero e institucional.

Cuando estaba a punto de producirse la movilización para la Primera Guerra Mundial, Yerkes tuvo una de aquellas “grandes ideas” que impulsan la historia de la ciencia: ¿no podrían, acaso, los psicólogos convencer al ejército de que todos los reclutas pasaran unos test? Así podría construirse la piedra filosofal de la psicología, una disciplina útil y uniforme, con datos numéricos capaces de impulsar la transición desde el estadio de arte discutido al de ciencia respetada.

Yerkes fue capaz de aplicar su test a más de 1 700 000 reclutas durante la primera guerra mundial, convirtiendo sus pruebas en los primeros test de inteligencia producidos en serie.  Las escuelas y las empresas se interesaron mucho en ellas.

Muchos reclutas no podían ver u oír al examinador que explicaba las pruebas; algunos no sabían lo que era pasar un test o, incluso, coger un lápiz. Muchos no comprendían las instrucciones y estaban totalmente perplejos. Los que las comprendían sólo alcanzaban a completar una parte muy pequeña de la mayoría de las pruebas en el plazo asignado. A todo esto, si la angustia y la confusión no llegaban ya a niveles suficientemente elevados como para invalidar el test, los ayudantes iban de aquí para allá, señalando a distintos reclutas y ordenándoles que se dieran prisa en voz lo bastante alta como para que, tal como se les había indicado, todo el mundo pudiese oírles

La pésima aplicación de estos test junto con la enorme carga social e idiomática hacían que los resultados fueran casi predecibles. Aquellas poblaciones procedentes de barrios más humildes donde, evidentemente, la educación escaseaba, se obtenían puntuaciones muy bajas, calificando a estas poblaciones de incapacitados mentales. Así mismo, los extrajeros procedentes de Europa poseían incluso menor puntuación debido, probablemente, a la barrera idiomática y cultural. Aun así, los supuestos científicos estaban convencidos de que esas puntuaciones simbolizaban la inteligencia innata, capacidades que vienen prescritas en nuestro código genético. En ningún momento estos autores justificaron que las diferencias entre estas poblaciones se podían deber, obviamente, al factor ambiental, ya que confiaban ciegamente en su método.

Los resultados obtenidos mostraban que muchos sujetos habían obtenido una calificación de 0. Ante estos valores, en lugar de calificar el test como inválido, sus creadores justificaron que “el cero no significaba en modo alguno que el sujeto sea incapaz, sino que el individuo que no logra obtener un resultado positivo, obtiene un valor que varía en relación directa con su grado de estupidez”.

Los test mentales del ejército hubieran podido constituir un impulso para emprender una serie de reformas sociales porque mostraban que las desventajas ligadas a factores ambientales impedían que millones de personas tuvieran la oportunidad de desarrollar sus aptitudes intelectuales. En cambio, los resultados, tuvieron otro tipo de repercusión política que afectaba directamente a la inmigración.

Una de las conclusiones que se sacaron de los test del ejército, era que los inmigrantes poseían un bajo nivel intelectual por lo que, a la larga, ese nivel se iba a ir generalizando en el territorio americano, donde la población autóctona poseía, evidentemente, mayor inteligencia. Para evitarlo se plantearon las restricciones de la inmigración y el control eugenésico de la reproducción. En síntesis, se trataba de impedir la entrada de los europeos del sur y del este, o sea de las naciones alpinas y mediterráneas, cuyos integrantes habían obtenido los resultados más bajos en los test militares. La primera Restriction Act, de 1921, había establecido cupos anuales del 3% para los inmigrantes pertenecientes a cualquiera de las naciones que ya residían en el país. La propaganda eugenista logró que la Restriction Act de 1924 rebajara los cupos al 2% para los inmigrantes pertenecientes a aquellas naciones registradas en el censo de 1890.

Aunque poco tiempo después el autor de esta catástrofe reconoció los diversos “errores” que cometió, las restricciones de inmigrantes seguían en alza. Durante toda la década de 1930, los refugiados judíos, previendo el holocausto, trataron de emigrar a los Estados Unidos, pero fueron rechazados.

Como hemos visto, la medida del CI ha tenido importantes y desgraciados resultados a lo largo de la historia. Aún así queda un resquicio para encontrar una justificación a toda esta catástrofe. Toda ciencia empieza en la ignorancia total y avanza hacia la verdad recogiendo información. Aprender de los errores de la historia debe ser el dogma principal para el avance la humanidad y la ciencia.

En la actualidad siguen existiendo diversos métodos que tratan de medir nuestras capacidades para saber si somos válidos o no, por ejemplo, para el desempeño de un trabajo. Los instrumentos de medida cuentan en la actualidad con numerosas pruebas estadísticas que demuestran su fiabilidad y validez, pero ¿es realmente necesario medir estas capacidades? Y, si así fuera, ¿es correcto el uso que le estamos dando?

Espero que después de este repaso por la creación de los test de inteligencia, sonriáis cuando Facebook os sugiera medir cuánto de inteligentes sois.

Autor: Adrián Nanclares Simón 

Ver más entradas del mismo autor

Si quieres participar en el blog como colaborador en alguna de las secciones o realizar alguna pregunta para que un especialista te responda, envíanos un email a info@fdet.es

Grupo FdeT

 

Imagen: By Bundesarchiv, Bild 146-2005-0076 / Scheck / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5419825

Leave a Reply

A %d blogueros les gusta esto: