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13 sep 2015

THE GAME OF LIFE: JUGANDO A SER DIOS

El libre albedrío depende de tus reglas en ‘the game of life’

Cómo explicarías a un grupo de estudiantes que el concepto de vida que tenemos puede estar adulterado  por nuestra limitada percepción de la realidad hasta el punto de que las reglas que rigen la vida, el Universo, el tiempo….  cuya única explicación desde que se tiene conciencia eran las deidades, puedan ser fruto de un mero juego matemático. A John Conway se le ocurrió la forma: un videojuego. Así pues… juguemos a ser Dios por un momento, creemos… ¡VIDA!

life

Los deístas se conocen por creer que existe un ser creador que inició la vida, un primer relojero, que puso en marcha el ciclo pero que no interviene  en el desarrollo del proceso. Básicamente, este hecho, es necesario para poder justificar un libre albedrío, una forma de evitar la responsabilidad divina en nuestros actos. Según cómo se quiera entender, significaría una enorme generosidad por parte de quien otorga el derecho y la capacidad de vivir hacia sus seres o, mirando desde una óptica más escéptica, una forma de justificar un diseño no del todo eficiente y bondadoso de las criaturas creadas exhonerando al creador de cuanto malo suceda por sus obras. La misión última del relojero era diseñar las reglas de juego de las que dependerían las leyes de la genética animal y vegetal, las leyes físicas que permiten el comportamiento desde partículas como el neutrino, la más pequeña conocida, hasta las más densas constelaciones, desde la aplicación del crecimiento fractal hasta la forma en que crecen nuestras sinapsis para que seamos capaces de aprender, pensar, memorizar… o escribir en un blog.

John Horton Conway es un prolífico matemático vinculado a la teoría de conjuntos, la teoría de nudos, la de números, de juegos y teoría de códigos.

Entre sus inquietudes divulgativas se planteó el reto de hacer pensar a sus alumnos de Princeton acerca de cómo podríamos saber si nuestra vida era o no  real y, como matemático interesado en el método empirista, planteó un programa de computador que llamó “The Game of Life”.

William James, filósofo fundador de la corriente pragmática afirmaba que “No existe una realidad absoluta; las cosas verdaderas se van construyendo con la elaboración humana a base de un núcleo incognoscible”.  Pues bien, planteemos un escenario donde creemos las criaturas que vivirán bajo nuestras reglas, evolucionarán con ellas pero sin nuestra intervención, a su libre albedrío ¿no os suena a algo? Establezcamos, pues, una suerte de vida que conoceremos como artificial para unos seres digitales que no serán capaces de salirse de esas reglas prediseñadas a nuestro capricho y voluntad.

Nuestro tablero de juego no será un espacio tridimensional como nosotros lo conocemos (alto x ancho x largo) sino plano, una cuadrícula, donde vamos a asignar a las celdas existentes la capacidad de albergar una célula que podrá presentar dos estados diferentes: viva o muerta. The Game of Life admite que estas células puedan interactuar con sus 8 celdas vecinas por medio de unas reglas básicas en lo que se conoce como un entorno de Moore.

Nótese que hay un escenario anterior donde el genial matemático John von Neumann, quien realizó innovadores avances en la mecánica cuántica y en la física del estado sólido para el inicio de los primeros semiconductores, en 1940 planteó un entorno (conocido como entorno de Newman) donde sólo se estudiaban 4 células vecinas correspondientes a los 4 puntos cardinales.

Así pues, volviendo a las reglas de comportamiento en nuestro The Game of Life , nuestro juego de la vida particular, encontramos las siguientes:

Estado de  Muerte: una célula viva morirá si en su entorno hay menos de dos células vivas o más de tres.

Estado de Supervivencia: una célula viva permanecerá en ese estado si en su entorno hay dos o tres células vivas.

Estado de Nacimiento: una célula muerta nacerá si en su entorno hay, exactamente, tres células vivas.

En nuestra vida “real” necesitamos 2 células vivas (dos gametos, masculino y femenino) que formen un cigoto para que comience un nuevo ser, es más sencillo que el ser sobreviva si hay otros seres cuidándolo en sus estadios iniciales de crecimiento y maduración, es más sencillo perecer si nos encontramos aislados o en estados de sobrepoblación que acabe con los recursos… En The Game of Life, simplemente, se crean unas condiciones iniciales que podrían variarse a nuestro antojo.

Veamos cómo entender esto gráficamente:

The game of life

The game of life: ser de 5 células

Veamos la célula B3, como en su entorno solo hay una célula viva (C4)  en la siguiente etapa B3 morirá; la célula B4, en cambio, nacerá, puesto que tiene 3 células vivas (B3-C4-C5) en su entorno. Igual ocurre con la D5; las células B5-C1-C2-C3 se quedan iguales porque ninguna de ellas tiene exactamente 3 células vivas en su entorno; la C4, morirá por tener más de 3 células vivas en su entorno… y así, sucesivamente.

En la segunda etapa se obtendrá la siguiente configuración atendiendo a las premisas comentadas.

The game of life

The game of life: ser de 5 células modificado

Estas configuraciones, pueden espaciarse o comprimirse, rotar o avanzar. A este tipo de configuraciones se les llama naves espaciales (spaceships) porque pueden viajar (sin perder ni ganar células) a lo largo del espacio.

Te muestro algunas configuraciones de las típicas spaceships del The Game of Life más básico, con menos “reglas de juego”

tgol3

tgol4

tgol5

tgol6

Lo curioso de este juego es que cada unidad de información no tiene conocimiento de que somos sus programadores, de que nosotros condicionamos su existencia, su velocidad de crecimiento o el número de elementos que formarán su prole con sólo modificar un puñado de ecuaciones en el algoritmo que representa su vida virtual.

Cuando se introducen nuevas variables como, por ejemplo, una enfermedad contagiosa que requiere de un cierto patrón de contagio, se aprecia cómo el algoritmo tiende a la supervivencia dentro de la aleatoriedad que presenta su código. Si, pongamos el caso, se introduce la premisa de que una célula infectada acorta su tiempo de vida en un 25% (el equivalente a que, para ella, la velocidad de reset y paso al estado siguiente es mayor) salvo cuando está rodeada de un grupo de células sanas (lo que sería el equivalente a estar atendido durante la convalecencia), el algoritmo tiende a crear estas situaciones de estabilidad de forma espontánea. Se tiende a “vivir”

En otro caso puede programarse condiciones que favorezcan la búsqueda de nuevas zonas de crecimiento o distintas comunidades de células digitales que interactúen entre ellas como si de civilizaciones invasoras  se tratara.

Se trata sólo de un juego, claro está pero, ¿acaso no es tangible ciertas similitudes que hacen que uno se replantee algunos de nuestros pilares preconcebidos?

  • Un relojero inicial que programa las reglas de la supervivencia, crecimiento, nacimiento y muerte, que puede alterar el tiempo a capricho o crear condiciones específicas para que el tiempo varíe en determinadas circunstancias (como una curvatura espacio-tiempo) y crear distintas variables que modifiquen el escenario en el que viven nuestros seres digitales (llámense plagas, diluvios, epidemias o como se quiera, al más puro estilo come-cocos)

 

  • Pautas de comportamiento que son inalterables fuera de las reglas de juego (si no se unen gametos de distinto género, no se produce la nueva vida, se puede retrasar la extinción con agrupamientos o desarrollos permitidos, etc.)

 

  • Las células digitales del juego no tienen conocimiento de qué les obliga a estar ahí o de por qué sienten la necesidad global de perpetuar su especie, es decir, no tienen respuesta a las preguntas ¿de dónde venimos? y ¿adónde vamos?

 

  • Además puede darse el caso de crear configuraciones de reglas letales para nuestros creados hasta que no se alcance un estado de maduración de nuestro experimento digital (¿podría equipararse al caso de enfermedades contagiosas que puedieran diezmar la población si no se ha llegado a descubrir la vacuna necesaria?)

Como quiera que esto es un simple ejercicio de especulación libre os dejo un pensamiento de Anaxágoras para que hagáis la digestión mental de este artículo:

“Nada nace ni nada perece. La vida es una agregación y la muerte una separación creada por reglas que desconocemos y se nos antojan caprichosas a nuestro entendimiento”

AUTOR: FCO JAVIER LUQUE

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